Categoría: restaurantes
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L.A. Sushi, la nueva propuesta de Alejandro Casado de sushi californiano
En un amplio y luminoso local de la calle Príncipe de Vergara, L.A. Sushi se presenta en sociedad como la nueva meca madrileña a la que acudir en busca de las últimas tendencias en gastronomía de inspiración asiática. Con una propuesta tan novedosa como apetecible, Alex Casado nos sorprende esta vez trayendo a la capital un concepto en el que el protagonista absoluto es el sushi tal y como fue concebido en su adaptación al estilo de California en los años 60.El sushi llegó a Los Ángeles en la década de los 60 y desde allí se expandió con gran éxito por todo EEUU para conquistar medio mundo hasta situarse como una de las referencias gastronómicas más demandas de la actualidad. Fue allí, en L.A., donde nacieron los primeros y ahora famosísimos “rolls” en los que el arroz envuelve al alga nori, y no al revés, como dictaba la tradición japonesa curiosamente porque el consumidor americano no entendía bien la función del alga y solía retirarla antes de comerlo. Buen conocedor de estas raíces americanas y de cómo el sushi evolucionó, Alex Casado toma ahora el relevo dando un paso más en el desarrollo creativo de este concepto hasta desarrollar un total de once rolls a cada cual más sugerente. Acompañando a algunos de los clásicos que ya triunfaban en Banzai, su anterior proyecto, entre los L.A. Rolls más destacados figuran ahora sugerencias tan irresistibles como la Rock Tempura Roll, hecho a base de tempura tigre, salsa cremosa, aguacate y tartar de atún; o el sorprendente Steak Tartar Roll, con steak tartar de solomillo cortado a mano, aguacate, manzana, huevo pochado y aroma de trufa.Bebiendo de influencias procedentes fundamentalmente de Japón y otros tantos países de Latinoamérica, Centroamérica, Asia y Europa como México, Perú, Corea e incluso España, la carta del nuevo L.A. Sushi, que se suma al ya existente de la calle Espíritu Santo, es una explosión de sofisticadas fusiones entre las que destacan el Bao de Carrillera Pibil con cebolla macerada y cilantro o el Bao de Panceta Ibérica con ceviche de piña y salsa asiática L.A. En la sección de entrantes, también hay espacio para las originales Gyozas Artesanas de Pollo de Corral al Curry o las de Carrillera al Pedro Ximénez además de los extraordinarios Dim Sum Artesanos de Langostino sobre Salsa Americana L.A.Siguiendo con el viaje de sensaciones que supone sentarse a comer o cenar en este restaurante en el que se trabaja con las mejores y más selectas materias primas, entre los imprescindibles están también el Tiradito de Atún Rojo con Bloody Mary, el Ceviche de Hamachi con Aguacate y Salsa Kimuchi, las Croquetas L.A. Sushi (de alga ao nori ko, vieira y langostino) y el Ebino Kimuchi, todo un descubrimiento basado en langostinos salteados con salsa kimuchi y col china. Por supuesto, toda una selección de niguiris, makis, temakis y gunkan elaborados con piezas perfectamente seleccionadas de atún, salmón, lubina y hamachi, fundamentalmente.Para completar la experiencia, L. A. Sushi, dispone de una esmerada carta de vinos y sakes perfectos para maridar con sus platos además de una contundente propuesta de postres que, como no podía ser de otra manera, reflejan a la perfección el carácter multicultural y creativo de su creador tales como como la Crema Catalana con Cardamomo, Panna Cotta de Maracuyá o el Tiramisú de Té Verde y Bizcocho de Sake.Con su puesta en escena apostando por un espacio amplio, diáfano y luminoso, L.A. Sushi no hace sino demostrar su clara inspiración asiática. En la sencillez reside la elegancia y, de esta forma, combinando mesas de madera vista, amplios ventanales que inundan el local de luz natural y una barra en la que sentarse para disfrutar del espectáculo de showcooking, la interiorista Carmen Brujó ha logrado trasladar a la perfección la esencia de lo que aquí se trabaja: un gran producto aderezado con altas dosis de creatividad. Así, este local dispone de un aforo total para 180 comensales además de una estilosa terraza abierta todo el año con capacidad para 60 personas y un reservado privado en la planta de abajo con un máximo de 12 plazas, ideal para reuniones familiares, de amigos o de empresa.
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El esperado regreso de niMú Bistró
Tras unos meses de ausencia por traslado, niMÚ Bistró reabre sus puertas en la calle Barquillo, con una carta renovada que mantiene sus raíces gastronómicas pero en un ambiente más informal y distendido. Muchas veces hemos hablado en Gastro y Gourmet de los diferentes restaurantes del Grupo VAMUCA, desde el desaparecido NiMÚ Bistró del hotel Adler , a los restaurantes que posee en la capital leonesa ( LAV, Casa Mando…)
Antonio Vázquez, el empresario que dirige todos los restaurantes y hoteles del grupo VAMUCA, define niMÚ Barquillo como “un espacio cosmopolita, adaptado al barrio más vanguardista de Madrid, justo en torno a las zonas de Chueca, Malasaña o Fuencarral, que se ha convertido en el corazón de la modernidad madrileña por su oferta de ropa alternativa, firmas de marca, complementos de todo el mundo, galerías de arte, librerías, centros de belleza, bares u hoteles con encanto”.
“En este nuevo emplazamiento”, añade Antonio Vázquez, “hemos diseñado una propuesta que supone una evolución de nuestras raíces gastronómicas, basadas siempre en una cocina de mercado, donde prima la calidad del producto, pero vanguardista, equilibrada y viajera. Además contamos con una cuidada selección de vinos tintos y blancos de diferentes regiones españolas, cavas, champagnes franceses y todo tipo de destilados para que nuestros clientes se puedan tomar también una copa en una ambiente agradable e informal”.
El chef Héctor Arias, con 12 años de experiencia en los fogones del hotel Adler y posteriormente en niMÚ Bistró, ha renovado la carta del restaurante pero manteniendo las raíces y el estilo de la casa, basada en un buen producto, una cocina moderna y una cuidada presentación. Bajo la dirección de Antonio Carmona, el chef ejecutivo de todos los restaurantes del grupo VAMUCA, el dominicano Héctor Arias, acompañado del filipino Jowe Soriano, suman a los platos clásicos de niMÚ sus referencias asiáticas y caribeñas.La sala está dirigida por Yolanda Iglesias, procedente del hotel Ritz y posteriormente del Hospes, quien se encargará de coordinar todo el servicio del restaurante.
NiMÚ Barquillo ofrece una carta para el restaurante y otra de tapeo para su espectacular barra circular en el que encontrarán platos emblemáticos de la casa.Entre el picoteo de la nueva carta de la sala podrán escoger una plato de jamón cortado a cuchillo ,la tortilla de alcachofas confitadas , la cecina de León , el foie micuit casero , los boquerones en vinagre con pico de gallo , la ensaladilla rusa con gambas , o el cazón en adobo con ajo negro. Entre las entradas no pueden faltar los clásicos niguiris de la casa con huevo frito de codorniz y trufa a los que se suman ahora los niguiris de morcilla de Burgos o los de gamba al ajillo.La mayoría de sus platos pueden compartirse para que los clientes puedan probar los diferentes sabores, aromas y texturas que ha preparado el equipo de cocina para esta nueva etapa.El restaurante mantiene platos clásicos de la carta como el tartar de atún picante , el pez mantequilla con alga wakame ,los chipirones en su tinta y una novedad: un bocata de calamares de potera con pan de cristal , entre los pescados. En las carnes no falta una de las especialidades de la casa, el steak tartar ,la carrillera con puré de patata trufado , el solomillo strogonoff , un chuletón del norte , las albóndigas caseras con verduritas y unos excelentes callos a la madrileña.Entre los postres clásicos no deben perderse la leche frita “en honor al jefe” , chocolate frito con culis de melocotón , un excelente tiramisú y la pantxineta de crema de coco . Todos los postres son caseros y han sido creados por el equipo de niMÚ.El menú de la barra les permitirá escoger entre jamón, cecina, tabla de quesos, cazón en adobo, niguiri de huevo frito de codorniz con trufa, patatas bravas, ensaladilla rusa, merluza de pintxo con pimientos de El Bierzo o medio solomillo con huevo frito de corral.La decoración del restaurante ha sido diseñada por Pascua Ortega quien ha trasladado al local su personal estilo que combina elementos clásicos con los más vanguardistas, convirtiendo en local en un espacio moderno y cosmopolita. -

Medusa, si no arriesgas no ganas
Hablamos a menudo de lo repetitivo de las cartas, de esa cocina clónica en la que visto «el éxito» de algunos platos se apuesta por repetirlos y repetirlos siguiendo la máxima de «que inventen ellos». Con ello además de un panorama gastronómico de lo más aburrido se consigue que sean pocas las sorpresas. Hay otra máxima mucho más sugerente y es la de que que si no arriegas, no ganas. El riesgo siempre implica peligro, pero cuando se triunfa en esas circunstancias, el sabor del éxito es, a buen seguro, mucho más apetitoso.Viene todo a esto a cuenta de uno de los últimos restaurantes que hemos visitado. Situado en el siempre bullicioso e interesante Malasaña, Medusa tiene a primera vista ese rollito canalla que no implica ni mucho menos que allí se vaya a comer bien.
El local se distribuye en dos espacios decorados con gusto.
Medusa cuenta en sala con Luis Nájera y en cocina con Alberto Vara. Ambos provienen de Quique Dacosta y su labor en Medusa es sencillamente extraordinaria.Lo más llamativo de Medusa es su propuesta gastronómica.
En nuestra visita nos decantamos por su menú degustación largo y hay que señalar que es sumamente interesante; y lo es no solo porque la mayoría de los platos resultan atrevidos y diferentes (lo cual ya es mucho), sino porque todos ellos poseen un nivel digno de reseña.No es cuestión -nunca solemos hacerlo- de desmenuzar en este post cada plato del menú, sobre todo porque terminaríamos con ese factor sorpresa que conviene dejar intacto antes de conocer Medusa. Sí diremos sin embargo que hay platos como el arroz meloso con suello de cordero y crestas de gallo, el figatell de sepia o el pichón con caviar de setas que tienen evidentes destellos de genialidad.No obstante, cualquiera de los diez platos que componen su menú degustación son dignos de mención. Muy correcto su vitello tonnato versionado (no vamos a desvelar el fondo de esa versión, pero les va a resultar de lo más curioso), y en un perfecto punto tanto la caballa con espuma de anís y zanahoria, como su taco de salmón con yogur de oveja. Entre los postres, magníficos los dos que probamos; el cremoso de mango con tierra de almendras o un muy conseguido brownie de chocolate.No es fácil encontrar en Madrid nuevos restaurantes que alcancen ese nivel y esa regularidad a lo largo de un menú de diez platos.Sin duda, uno de los descubrimientos de la temporada que habrá que seguir de cerca. No duden en visitar Medusa porque les va a sorprender muy gratamente. -

Restaurante San Francisco, El Pardo también existe
Resulta curioso apreciar lo que nos influyen las «modas» a las hora de salir a comer y cenar; cómo por el mero de hecho de que un restaurante esté situado dentro de una zona de tendencia o fuera de ella, la afluencia de público actúe en uno u otro sentido. Al final está claro que ese concepto «zona de confort» lo aplicamos a facetas de nuestra vida que no hubiéramos sospechado. Esto en ocasiones es terriblemente injusto y provoca al fin y a la postre que lugares en los que se come de forma excelente, queden postergados y suplantados por modas efímeras.Viene esta introducción al caso de la reciente visita que hicimos al restaurante San Francisco situado en la casi olvidada zona de El Pardo. Pese a su cercanía con Madrid y a su privilegiado entorno, El Pardo es un barrio de Madrid y no una localidad próxima y lo es porque fue anexionada a Madrid en el año 1950 y que administrativamente se integra en el distrito Fuencarral-El Pardo. El restaurante San Francisco fue originariamente allá por los años cincuenta del pasado siglo un merendero en el que se servían productos de caza propios de la zona. En 1980 fue adquirido por Roberto Serrano, su actual propietario, que lo convirtió en restaurante. Desde entonces ha venido funcionando como restaurante, así como espacio destinado a la celebración de bodas y otro tipo de eventos por sus características.En cuanto a la propuesta gastronómica de San Francisco la misma se basa fundamentalmente en la exquisita selección de su materia prima, en elaboraciones en las que prima sobre todo el respeto al producto y en platos de esos que todos tenemos en nuestra memoria y que por desconocidas razones han ido desapareciendo de las cartas.No quiere ello decir que la carta sea clásica, puesto que San Francisco se ha ocupado de ir incorporando a su carta nuevos platos que en principio uno no imaginaría en un restaurante de corte clásico. El otro día pudimos probar una excelente ensalada templada de algas y gambas que confirma esa renovación constante; pero también es cierto que pudimos probar platos mucho más tradicionales como la paletilla de cordero, las chuletillas de lechal (cada vez más difíciles de encontrar en las cartas de los restaurantes madrileños) o un exquisito rape a la bilbaína en un excelente punto. Mención aparte para el arroz meloso con bogavante que nos sirvieron y que alcanza un nivel difícil de encontrar en MadridPescados traídos directamente de la lonja de Vigo tres veces por semana, carnes rojas de la zona del Bierzo, productos hortícolas seleccionados en los mejores proveedores de la ribera navarra, hígados de pato frescos que provienen de granjas ecológicas en Lleida… confirman que en San Francisco la búsqueda del mejor producto es un tema capital.Su oferta hostelera se complementa con animación infantil los fines de semana. Señalar también su importancia en organización de bodas, así como en eventos tanto particulares como de empresa. Sus 5.500 metros cuadrados son perfectos para cualquier celebración tenga el tamaño que tenga.Conviene de vez en cuando salir de esa zona de confort que todos nos creamos y comprobar que fuera de ella hay opciones más que interesantes. San Francisco no defrauda y mantiene un nivel ciertamente elogiable. -

Música y buena gastronomía en Ataclub
Los más «veteranos» recordarán un restaurante que fue mítico en Madrid, La Nicolasa. En su emplazamiento, situado en la calle Velázquez, 150, funciona desde hace tres años un restaurante denominado Ataclub. En estos tres años ha sufrido diversos cambios tanto en dirección como en cocina y sala y es ahora precisamente cuando inicia un proyecto que sí parece claramente consolidado y con grandes posibilidades de encontrar su acomodo en el complicado gastropanorama madrileño.Ataclub parte del concepto de esos clubes más europeos o americanos en los que es posible combinar gastronomía con música en directo en ciertos momentos y con posibilidad de copas o raciones. Un concepto abierto que si bien en España no es habitual, puede ir convirtiéndose en tendencia perfectamente.Ataclub está decorado por Alicia Navarreta y Carola Jaúregui y se divide en varios ambientes: hay mesas bajas, una zona mesas altas corridas coronada por
dos olivos liofilizados y situada frente al escenario que cobra vida los fines
de semana, una pequeña barra con una nueva zona destinada a raciones y picoteo y un
reservado.A los mandos de sus fogones un bregado cocinero con dilatada experiencia, Miguel López Castanier. Miguel fue durante casi 25 años propietario de una pequeña taberna denominada La Taberna de Liria que llegó a convertirse en un referente por su cocina imaginativa y novedosa en una época en la que esos términos para nada se utilizaban en gastronomía. Ahora en Ataclub su cocina sigue siendo tan sorprendente como inclasificable. Cocina clásica?, mediterránea?, imaginativa? divertida? a veces alocada?…. Combinen todo eso y ese toque personal de Castanier y voilá…defina como quieran el resultado pero tengan por seguro que van a disfrutar.Entre sus platos más representativos, entrantes tan sugerentes como el foie gras micuit con brioche
de cacao y manzana; el pan chino
relleno de cochinita pibil, huevo de codorniz, farinato y mayonesa de naranja y
chile habanero (una evolución del plato de farinato con huevo y zumo de naranja típico de Ciudad
Rodrigo) y la anguila ahumada sobre pan
de centeno y miel o principales tan interesantes como la lubina en
bullabesa de mejillones y la pintada
con escabeche de peras. Ya mismo comienza la temporada de setas y caza, productos que Castanier trabaja a la perfección.La sala perfectamente dirigida por el curtido José Antonio Mora es ideal tanto para comidas de trabajo (de lunes a viernes dispone de un magnífico menú ejecutivo al precio de 20 euros) como para cenas de amigos o de pareja, sin olvidar su versatilidad a la hora de celebrar eventos. La reciente incorporación de la experimentada RRPP Carelia Anidjar sin duda supondrá un espaldarazo en esa vertiente.Como novedad una nueva carta de raciones diseñada por el propio Miguel López Castanier que seguro resulta un éxito. Música en directo los fines de semana (y algún que otro jueves) ponen el contrapunto a un concepto que combina la buena mesa y el pasarlo bien, las buenas copas con música en directo. Hay quién dé más??
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La Huerta de Carabaña, homenaje al producto km 0
Ya hemos hablado en otras ocasiones en este Gastro y Gourmet de La Huerta de Carabaña, tanto de su restaurante como de su versión más informal o bistró. Y lo hacemos principalmente porque su concepto nos enganchó desde el primer día.La utilización de toda la magnífica verdura proveniente de su espectacular huerta unida a una exquisita selección de proveedores consigue que en cualquiera de sus dos vertientes la satisfacción sea siempre absoluta.La carta se cambia diariamente tanto en el restaurante como en el bistró, dependiendo de las verduras traídas directamente de su huerta y de su esmerada selección de proveedores entre los que se encuentran Cárnicas Lyo, Pescaderías Coruñesas, La Virgen o La Panotheca. Como director gastronómico Roberto Cabrera, fundador de La Huerta de Carabaña que tiene como segundo de cocina a Ricardo Álvarez.El restaurante, elegante y acogedor, ha sido minuciosamente decorado por el interiorista Pepe Leal y ofrece diariamente una cuidada selección de platos donde el producto es el protagonista y donde las elaboraciones respetan al máximo la preservación del mismo.En el bistró, con una estética y puesta más desenfada pero igualmente cuidada en cada detalle es posible comer o cenar de forma más asequible sin perder esa elegancia que destila cada propuesta de La Huerta de Carabaña. Atención a sus arroces porque son sencillamente inmejorables.Imposible equivocarse en cualquiera de sus propuestas. La Huerta de Carabaña es uno de esos lugares a los que se piensa en volver antes de abandonar su comedor. Como añadido, recientemente ha incorporado a su propuesta la «coctelería botánica» con cócteles elaborados con verduras de su huerta. -

Fellina, el nuevo italiano del Grupo Le Cocó
Las novedades y nuevas aperturas en Madrid no dejan de sucederse. Volvemos de verano y nos encontramos que aquel restaurante denominado Random ha mutado en una restaurante italiano, llamado Fellina, perteneciente al propio grupo Le Cocó (Esteban Arnaiz y Aynara Menchaca) y con una oferta mucho más casual y asequible.En aquel precioso local decorado por Madrid in Love se ha mantenido gran parte del formidable trabajo desarrollado por el estudio de Juan Luis Medina, dotándolo ahora de elementos que lo convierten en un restaurante italiano de esos de toda la vida, de recetas clásicas del país transalpino y de esa cocina italiana de calidad que al fin y a la postre a todo el mundo gusta.Con las ventanas abiertas de par en par y una luminosidad de la que Random adolecía, Fellina ofrece una carta amplia y sugerente con un buen número de opciones interesantes, raciones grandes (mejor compartir) y un precio medio de 25 euros que sin duda son un reclamo perfecto para el gran público.Entre sus antipasti un magnífico vitello tonnato, Melanzane alla Parmigiana (Berenjenas rellenas a la parmesana), Tartare di Tonno (Tartar de atún) y un plato que sin duda se convertirá en uno de sus éxitos, Uova di gallina ruspante con Pomodoro e Tartufo Nero (Huevos camperos con salsa de tomate y trufa negra).Gran variedad de pastas caseras, entre las que destacan los spaghetti alla carbonara originale siguiendo la receta auténtica romana (no esperen ni bacon ni nata líquida) y que se termina en mesa con yemas de huevo de corral, guanciale y pecorino.Igualmente generosa oferta de pizzas con inclusión de la pizza frita tan novedosa y sugerente como contundente. Postres con buen tono con una torta della Nonna (tarta de arroz típica de Cerdeña, con receta secreta, acompañada de helado de dulce de leche) que hará sin duda las delicias de los más golosos.No hay duda que Fellina presenta una propuesta sólida y asequible que a buen seguro triunfará entre los amantes de la comida tradicional italiana. Platos ricos, raciones grandes y precios comedidos en un espectacular local.
Visitar web de Fellina -

Menú Royal Bliss en el Café de Oriente
No será difícil para los seguidores más fieles de este Gastro y Gourmet entender la admiración que desde aquí hemos tenido y tenemos al Grupo Lezama. Ha sido desde hace años todo un referente gastronómico y su buen hacer ha llevado a la consolidación de un grupo de restaurantes que si bien tienen en común su corte clásico, no deja de innovar y de crear conceptos novedosos para algo que en gastronomía es fundamental, o te reinventas o te mueres. Esa es la única alternativa para los restaurantes más consolidados; no deben perder su esencia pero deben reactualizarse continuamente.Viene todo esto al caso de la nueva iniciativa que Café de Oriente ha puesto en marcha desde el pasado viernes 15 de septiembre y que se traduce en armonizar un estupendo menú degustación con mixers Premium Royal Bliss. La experiencia a primera vista parecía de lo más sugerente, así que allí fuimos a probar el menú en cuestión.
Roberto Hierro, su chef ejecutivo, junto con el equipo de Royal Bliss, ha diseñado una combinación de 5 platos y 4 cócteles realizados con mixers Premium Royal Bliss que marcarán un recorrido por miles de matices, un maridaje lleno de sensaciones indescriptibles.
El menú comienza con un gin-tonic: Bulldog y Royal Bliss Creative con twist de lima y hoja de kaffir que potencia los dos aperitivos propuestos: el tiradito de dorada con leche de tigre y wakame y la ensaladilla de manzana y judías verdes. Magnífico comienzo para un menú que mantiene una regularidad constante.Un estupendo arroz meloso de setas y pulpo con alioli de pimentón y jengibre combina a la perfección con una ginebra Mr.Stacher’s, con Royal Bliss Yuzu Sensation y twist de naranja. Este cóctel comparte también protagonismo con la merluza en caldo corto con ratatouille y mantequilla negra de yuzu.
Como plato principal de carne, un clásico del Café de Oriente reinventado, el picantón de Bres con su pechuga rellena de foie, su muslo confitado a la cerveza, su alita frita, su paté y parmentier de patata. En esta ocasión lo acompaña el ron Cacique con Royal Bliss Irreverent Ginger Ale y twist de limón. Aquí el maridaje se encamina a sabores potentes que no van a dejar indiferente al comensal.Por fin, el postre está dedicado a los apasionados del chocolate, los golosos por excelencia tendrán la oportunidad de probar un chocolate negro en texturas acompañado de un Vodka-Berry Belvedere con Royal Bliss Bohemian Berry Sensation y twist de pomelo y frambuesas naturales.Señalar que Café de Oriente ha diseñado una armonía con cócteles sin alcohol para aquellos que no suelan beberlo o no se atrevan con la experiencia. No se nos ocurre mejor forma de sumergirse en esta difícil reentré madrileña. Buenos cócteles y la siempre satisfactoria gastronomía de Café de Oriente en un menú degustación armonizado que al precio de 39 euros IVA incluido podrá probarse hasta el próximo 15 de octubre. ¡¡ Plenamente recomendable !!
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LA SENCILLEZ EN LA ALTA COCINA
A menudo pensamos que los restaurantes de más alto nivel, los cocineros con estrellas Michelín, basan su éxito en cocinas complejas, en platos sofisticadísimos y que sus lugares de trabajo se asemejan más a laboratorios que a fogones. Es verdad que los avances técnicos han supuesto un plus en el mundo de la gastronomía, pero también lo es que cuando hablas relajadamente con muchos de ellos siguen dando un valor preminente a la calidad de la materia prima, a la cocina más tradicional y clásica (difícil entender la vanguardia sin una sólida base en la tradición), a la importancia del trabajo en equipo y al constante aprendizaje.El otro día tuve ocasión de ver un vídeo en el que el chef Diego Guerrero (confieso que es uno de mis chefs favoritos) colabora con una pareja en la confección de un menú casero. Aunque en realidad se trata de un vídeo en colaboración con Cepsa , me sirvió para reflexionar con posterioridad sobre el tema. No es tan diferente lo que expresa el vídeo de lo que hay de fondo en una cocina de alto nivel.La eficiencia o esa necesidad de adaptarse a un presupuesto determinado, ya sea en la relación de costes de un restaurante o en la economía doméstica, la necesidad del trabajo en equipo (cocinar en compañía es mucho más divertido y en un restaurante además es imprescindible), ese deseo permanente de aprender (esto no únicamente en gastronomía sino en cualquier faceta de la vida) y el respeto por la tradición entendiendo que la cocina puede ser lo creativa e innovadora que se desee, pero teniendo siempre como fundamento el trabajo bien hecho y las recetas más clásicas. Por poner un ejemplo, es encomiable una esferificación de lentejas, pero antes de esferificar hay que haber cocinado unas lentejas clásicas de máxima calidad.
Por eso ese vídeo que hoy comparto es esta pequeña reflexión me ha parecido de lo más acertado. Porque todos vivimos a mil por hora de una u otra forma, porque mucho más a menudo de lo que pensamos terminamos a última hora de la tarde comprando unas cuantas cosas en el Carrefour Express de la estación de servicio Cepsa donde hemos parado un momento para repostar gasolina en nuestro coche y porque al final terminamos haciendo en casa nuestra pequeña cena siguiendo casi al pie de la letra esos parámetros que os comentaba hace un momento.Y es que al final la alta cocina está mucho más cerca de nuestro día a día de lo que imaginamos y hay ciertos valores que son -o deberían ser- aplicables en cualquier momento de nuestras vidas. -

La Sabina, Larrumba suma y sigue
Lo del Grupo Larrumba es digno de estudio. Con sus decena de restaurantes (a cuál más exitoso) abiertos a lo largo de cinco años, se suma un sinfín de proyectos a lo largo de los próximos seis meses. Algunos totalmente Grupo Larrumba, otros participados por algunos de sus principales socios, la expansión va a ser espectacular. En cualquier caso iremos poco a poco y hoy nos vamos a centrar en su última apertura, La Sabina.La Sabina ocupa el local de lo que fuera hasta hace un año Casa de Quirós, en la plaza de la Estafeta de La Moraleja. Decorado como es norma en el grupo, por el estudio Proyecto Singular, La Sabina da una vuelta de tuerca a ese estilo entre tropical y colonial que empieza a ser norma en la mayoría de los locales de nueva apertura. La Sabina, acertadamente a mi juicio, se aparta de esta tendencia y crea una atmósfera netamente mediterránea que rápidamente evoca a ambientes marineros.Pero no es el único aspecto en el que La Sabina «rompe moldes». Si bien una de las críticas que más suele hacerse al Grupo es la repetición de sus cartas y su poca originalidad, es evidente que tratan en cada proyecto de hacer algo diferente. Si en Habanera la colaboración de Javi Estévez era seña identitaria de su propuesta o en Peyote su carta japomexicana daba un nuevo aire al grupo, La Sabina se presenta como una arrocería.El concepto,para empezar, es atrevido. Y lo es porque buenos arroces en Madrid hay pocos. Es verdad que la salida natural al mar de Madrid es la Comunidad Valenciana y que la mayoría de los madrileños somos arroceros y por ende, exigentes con el arroz.Pero La Sabina se pone las pilas. Con agua directamente traída desde Valencia (me cuentan que a la hora de elaborar la carta realizaron varias catas ciegas de arroces elaborados con agua de Madrid y con agua de Valencia, con rotundo éxito de las segundas) y utilizando la variedad albufera de arroz en lugar del tradicional bomba, se sumerge en un espectro (el de los arroces en Madrid) en el que salir airoso es complicado.En nuestra reciente visita tuvimos ocasión de probar el arroz del senyoret, para algunos especialidad de la casa y el resultado fue francamente positivo. Arroz suelto, sabor equilibrado y ese punto de socarrat que particularmente a mí, me encanta. Además del mencionado, diversos tipos de arroces y fideuás completan una oferta que sin duda contentará a todo tipo de gustos.El resto de la carta ofrece interesantes posibilidades tanto para escoger entrantes previos al arroz como para dar gusto a los no arroceros. Llama la atención el plantel de proveedores del que Larrumba va nutriéndose. Ballfegó, Triticum… son ejemplo de un nivel de producto con el que el Grupo trata de alejarse de esa crítica que desde su primer Pipa and Co les acompaña y que personalmente me parece bastante injusta. No hay duda de que La Sabina será una de las aperturas estrellas de este nuevo curso. Alabanzas y críticas feroces son la norma de cada apertura con el sello Larrumba. Mientras tanto encontrar mesa libre en sus locales es misión complicada (imposible en ocasiones) y el Grupo suma y sigue. Como decíamos en nuestra crónica sobre Habanera, «ladran, luego cabalgamos»…









































