Categoría: restaurantes

  • PIÚ DI PRIMA, VUELVE LA ALTA COCINA ITALIANA A MADRID

    Corría
    el año 2003 cuando en la calle Hortaleza de Madrid abría sus puertas un
    restaurante denominado Piú di Prima. La gastronomía en la capital entonces poco
    tenía que ver con lo que es actualmente. Piú di Prima supo canalizar una forma
    de entenderla que con los años se ha generalizado
    . Consiguió marcar tendencia
    en su momento y eso siempre es importante. La gastronomía empezaba a entenderse
    como una experiencia en la que además de a los platos se daba importancia al
    entorno, a la decoración y al ambiente. Nacía así una nueva forma de salir a comer
    o a cenar que quince años después sigue plenamente vigente.




    Aquel
    Piú di Prima cerró sus puertas trece años después y desde entonces la
    gastronomía italiana en Madrid quedó bastante huérfana de calidad. Pizzerías,
    franquicias y opciones low cost monopolizaban la cocina transalpina salvo
    alguna honrosa excepción.


    Hace
    escasamente dos semanas Piú di Prima reaparece en una nueva ubicación,
    manteniendo la calidad de siempre y adaptándose a los nuevos tiempos. La zona no
    puede ser mejor; en el señorial Paseo de Pintor Rosales, frente al Parque del
    Oeste y bajo la atenta mirada de un enorme vinilo de Sofía Loren junto al cual
    les será difícil resistirse a fotografiarse, Piú di Prima vuelve al panorama
    gastronómico con toda la fuerza, en un local que destaca por su cuidada decoración  a cargo del estudio de Laura Cuevas que se ha
    inspirado en El Dorado “máxima expresión de belleza y calidad, valores siempre
    presentes en el concepto  PIÙ DI PRIMA”
    según
    palabras de la decoradora.



    Al
    frente del restaurante la eficaz Teresa Santillana como directora que ya
    estuviera en la última etapa del Piú di Prima original y a cargo de sus fogones
    un magnífico cocinero, Stefano Franzin que también inaugurase el primer Piú di
    Prima.


    En
    su carta cocina tradicional italiana entendida como la amalgama de las
    diferentes “cucinas“ regionales del
    país. Franzin, veneciano de nacimiento, recorre a través de la carta el Véneto,
    Piamonte, Abruzzo y La Toscana sin olvidar las influencias de su “nonna”
    napolitana, creando todo un universo de sabores y texturas en los que la
    materia prima de máxima calidad y la perfecta ejecución de cada plato son
    constantes.



    Tras
    una selección de entrantes entre los que destaca su vitello tonatto (magnífico),
    las berenjenas alla parmigiana o la burrata della puglia resultan imprescindibles
    sus risottos (considerados uno de los cinco mejores risottos del mundo entre un
    total de 101 restaurantes). Cualquiera de los platos de pasta (elaborada
    siempre al momento por el propio chef) son una verdadera delicia. Imperdonable
    no probar su raviolone Piú di Prima que rescata una receta del siglo XV
    favorita de los nobles de la época. Pero elijan el que elijan, no tengan ninguna
    duda de que van a acertar.



    Postres
    a la altura entre los que destaca su tiramisú veneciano con gotas de chocolate
    y amaretto y su refrescante semifrío de mojito en texturas y bodega interesante
    claramente centrada en los vinos italianos con más de 40 referencias de las
    diferentes zonas vitivinícolas.


    Estamos
    de enhorabuena en Madrid. Vuelve, por fin, la alta gastronomía italiana. Y todo
    bajo la atenta y seductora mirada de la Loren.

  • REGRESA LA CENA FRANCESA MÁS GRANDE DEL MUNDO EN EL JARDIN DE ORFILA: GÔUT DE FRANCE

    REGRESA LA CENA FRANCESA MÁS GRANDE DEL MUNDO EN EL JARDIN DE ORFILA: GÔUT DE FRANCE

    El Jardín de Orfila, poseedor de 1
    Sol Repsol, mencionado en la Guía Michelin
    y
    ubicado dentro del Hotel Orfila que es uno de los dos hotel perteneciente a la Asociación
    Francesa Relais & Châteaux
    en Madrid, vuelve a unirse por 5º año
    consecutivo a un excepcional evento para celebrar la cena francesa más grande
    del mundo con el movimiento Goût de France.



    Organizado por el Ministerio de Asuntos
    Exteriores y Desarrollo Internacional francés
    junto con el galardonado
    restaurador Alain Ducasse, este acontecimiento mundial se inspira en el
    fundado por Auguste Escoffier en 1912 – Las Cenas de Epicuro: el cual consiste
    en ofrecer el mismo menú, en el mismo día, en distintas ciudades de todo el
    planeta con el mayor número posible de comensales. La cena se celebrará el
    próximo jueves 21 de Marzo
    a nivel internacional.



    MENU GOÛT DE FRANCE

    Ostra picante con perlas de cítricos y eneldo

    Parmentier con yema pochada y trufa Melanosporun

    Escabeche de Foie al oloroso con
    mango encurtido y piel de
    Picantón

    Pularda rellena de carabinero,
    seta de
    temporada y piñones

    Selección de quesos franceses

    Creme brulee

    BODEGA

    Champagne Taittinger Brut

    Nuit Saint Georges Albert Bichot A.O.C Borgoña

    Chardonnay Domaine Rolet “Tradition”A.O.C
    Arbois

    Chateau Virecourt A.O.C Burdeos

    omaine Paul Meunier Centernach Maury A.O.C
    Roussillon

    Chateau Nairac Barsac A.O.C Sauternes

    PRECIO: 105 € IVA INC. POR PERSONA CON MARIDAJE

    60 € IVA INC. POR PERSONA SIN MARIDAJE

  • CANTINA ROO, ASÍ SE SIENTE MÉXICO

    CANTINA ROO, ASÍ SE SIENTE MÉXICO

    Hace
    poco más de un mes que ha abierto sus puertas en Madrid Cantina Roo. Jugando
    con el nombre del estado de Quintana Roo, Cantina fusiona la cocina mexicana
    con producto mediterráneo.



    Al
    frente del proyecto Óscar Polanco,
    fotógrafo mexicano y apasionado de la gastronomía mexicana que cumple con
    Cantina el sueño de tener su propio restaurante. Para la consecución de ese
    sueño nada mejor que incorporar al mismo a Guillermo
    Ortega
    que tras iniciarse en este mundo en el mítico Currito de la Casa de
    Campo pasó tres años trabajando codo con codo junto a Óscar Velasco tanto en
    Santceloni como en algunos de los desplazamientos para los que Santceloni fue
    contratado en Londres o Pekín.


    Para
    dar forma a Cantina, Polanco y Ortega han pasado meses viajando por distintas
    zonas de México visitando mercados, puestos callejeros, restaurantes y
    empapándose de las últimas tendencias en la gastronomía de aquel país.


    El
    local que ocupa Cantina Roo ha sido decorado por Juan Castro y en el mismo prevalecen materiales industriales,
    azulejos y unos llamativos murales que adornan las paredes y que son obra del
    grafista Juan Múgica y en los que
    partiendo de la tradición mexicana de los exvotos se representan escenas de la
    vida cotidiana buscando las vertientes más divertidas y surrealistas. El
    resultado es un agradable local con un toque canalla en el que es fácil
    sentirse cómodo desde que se entra y que se divide en zona de barra con una
    carta específica de raciones y comedor.


    Gastronómicamente
    Cantina Roo combina los contrastes de los sabores populares mexicanos (ácido,
    picante o dulce) con un inmejorable producto mediterráneo. “Buscamos una cocina sencilla pero sofisticada a la vez; partimos de
    la cocina tradicional mexicana y su fusión con la mediterránea, pero proponemos
    una cocina moderna, contemporánea e innovadora como la que están practicando
    los grandes restaurantes en México”
    , asegura Ortega que resuelve platos de
    impecable factura y de magnífico nivel.



    Resultón
    un gambón en tempura, con lechuga Batavia y mayonesa de chipotle; sabrosos y
    equilibrados el taco pastor, así como uno más original con cochinillo;
    estupendo el ravioli de huitlacoche (se denomina así al hongo que produce la
    planta de maíz) y convincente la tosa de pato con Oporto y calabaza. Mención
    aparte unos sensacionales callos pibil con cilantro y cebolla encurtida de
    magnífico sabor. Apúntelo en su agenda que van a divertirse.

  • SOY KITCHEN, LA GENIALIDAD DE UN CHINO AL QUE EN MADRID LLAMAMOS JULIO

    SOY KITCHEN, LA GENIALIDAD DE UN CHINO AL QUE EN MADRID LLAMAMOS JULIO

    No sé cuántos
    de ustedes serían capaces de identificar en el panorama gastronómico madrileño
    a un cocinero chino al que todo el mundillo llama “Julio”. En realidad, su
    nombre es Yong Ping Zhang y evidentemente ante la dificultad, el público
    madrileño ha optado por darle un nombre castizo mucho más sencillo (al igual
    que ocurrió con aquel jugador balcánico llamado Hadzibegic al que la afición
    sevillista rebautizó como “Pepe”).



    Julio se hizo
    famoso en un pequeño local llamado Soy Kitchen que se situaba en la plaza de
    Los Montenses de Madrid. Cocina de difícil encasillamiento y destellos de
    genialidad convirtieron aquel Soy Kitchen en un referente y a Julio en alguien
    a quien había que visitar.

    Pero Julio fue
    evolucionando y hace algo menos de un año decidió llevar su Soy Kitchen a la
    calle Zurbano con un concepto mucho más de alta cocina, dejando el tradicional
    local de los Mostenses reconvertido en Lamian (nombre que se da en China al
    popular ramen japonés) del que pronto les hablaré.



    El nuevo Soy
    Kitchen es un restaurante que sorprende por su buen gusto y elegancia desde que
    entras en él. Decorado con minuciosidad por el estudio Lavela de Sandra Vergara
    y Raquel Lázaro ofrece una atmósfera cosmopolita y moderna a la vez que
    acogedora y confortable.



    Inclasificable
    y excéntrica (como el propio Julio), la cocina de Soy Kitchen sigue siendo convincente
    y divertida. Uno de esos restaurantes en los que sobre todo disfrutas desde el
    principio hasta el fin. Producto nacional que el propio Julio selecciona en los
    mercados de La Latina, Chamartín y Antón Martín y creaciones, complejas, casi
    insólitas en las que hay siempre dos denominadores en común: el juego de
    texturas, que consigue a base de técnica, y la intensidad y diversidad de
    sabores que se sustentan en el uso de ahumados, macerados y salsas caseras cuya
    receta al completo solo conoce el propio Julio. El resultado es una
    espectacular cocina de autor depurada al máximo con la que es imposible no sentirse
    gratamente sorprendido.


    Soy Kitchen
    presenta una propuesta basada en tres menús degustación (uno corto a 45 €, uno
    largo por 65 € y un menú ejecutivo de lunes a jueves a mediodía por 35 €).
    Además, este año incorpora dos nuevos menús degustación (uno 100% vegetariano y
    otro libre de gluten) y una carta de raciones para tomar en barra y en sala de
    lunes a jueves tanto a mediodía como por la noche basada en los platos de
    cuchara y guisos tradicionales de propios de esa cocina casera de las madres y abuelas,
    aunque con el sello inconfundible de su autor.


    Olvídense de
    prejuicios, abandónense en manos de este genio llamado Julio y sean felices (al
    fin y al cabo, la gastronomía es la industria de la felicidad).

  • PAULINO, UN REFERENTE EN LA BUENA MESA

    PAULINO, UN REFERENTE EN LA BUENA MESA

    No
    es ningún secreto que lo difícil no es abrir un restaurante; lo complicado es
    mantenerlo en el tiempo. No es lo importante dar de comer, sino dar bien de
    comer. Por eso cuando uno encuentra lugares que llevan ni más ni menos que la
    friolera de 64 años haciendo perfectamente las cosas cada día, descubre
    rápidamente que la buena mesa, la c
    ocina tradicional y los platos hechos con
    tiempo y cariño jamás pasarán de moda.



    Viene
    todo ello a cuento de la reciente visita que hicimos hace unos días a todo un
    clásico del que se habla mucho menos de lo que sin duda merece. Me refiero a
    Paulino, un cocinero de raza que desde hace 64 años lleva dando de comer a los
    madrileños y que mantiene toda la frescura y el cariño al comensal que le hizo
    famoso.


    Hubo
    un tiempo en Madrid en que Paulino era conocido como “el Zalacaín del pueblo” y
    lo era porque su cocina era tan impecable y perfecta como la de aquel Zalacaín,
    pero a unos precios comedidos que lo situaba al alcance de cualquier bolsillo.



    Aquel
    restaurante Paulino de la calle Alonso Cano, dio hace más de 15 años un nuevo
    Paulino situado en la calle Jordán, junto a la plaza de Quevedo, que fue el que
    visitamos hace unos días. En un local que originariamente fue una carpintería,
    Paulino de Quevedo se distribuye en una zona de barra y raciones y un amplio
    comedor posterior con un encanto que uno no se imagina desde fuera.


    En
    su carta encontramos platos tradicionales ligeramente reinventados. Confieso
    que a priori imaginaba una carta más clásica y tradicional, pero Paulino ha
    sabido adaptarse a los tiempos y a las novedades y sin perder el fiel de la
    cocina clásica sí consigue dar a esas recetas de siempre un toque personal que
    las convierte en diferentes.



    Llega
    así a la mesa un plato aparentemente sencillo, pero de ejecución y sabor
    perfecto; algo tan simple como un tomate pera asado a baja temperatura y
    acompañado de ramallo (alga también denominada codium y con un sabor inequívoco
    a percebe) advierte inmediatamente de la talla del cocinero que tenemos
    delante. Sabores delicados e intensidad en su justa medida preparan las papilas
    para un festival de platos en los que la nota común es la perfecta ejecución y
    el exquisito punto de cada uno de ellos.



    A
    un magnífico hummus de cocido madrileño y picadillo de chorizo siguen unos
    espectaculares espárragos verdes de primavera albardados en panceta ibérica en
    un perfecto punto y a los que acompaña una delicada vinagreta de pistachos.



    Muy
    correcto un tataki de presa ibérica servido junto a un chimichurri de piña y
    sensacional un ragout de lubina de estero y verduritas de temporada. Concluimos
    con una deliciosa pierna de lechal deshuesada de excelente sabor. Como ven
    platos tradicionales, pero con ese inequívoco toque personal de Paulino.
    Postres coherentes con el nivel y precios de esos que cada vez se ven menos en
    Madrid. Encontrar segundos platos de carne y de pescado en torno a 17 euros y
    con el nivel de Paulino no es tarea fácil. Se lo aseguro. De esos restaurantes
    que hay que visitar sí o sí.

  • RESTAURANTE KOMA, MAGNÍFICAS SENSACIONES EN LA SIERRA MADRILEÑA

    RESTAURANTE KOMA, MAGNÍFICAS SENSACIONES EN LA SIERRA MADRILEÑA

    Situado dentro del pequeño y encantador
    Hotel Box Art La Torre de Collado Mediano, el mismo lugar en que hasta hace
    unos meses estuviera el restaurante El Invernadero de Rodrigo de la Calle, se
    encuentra el restaurante Koma. El restaurante en cuestión está asesorado por
    Fernando Limón, uno de los cocineros más sorprendentes e imaginativos que uno
    puede encontrar en la sierra madrileña y que desde su restaurante La Sopa Boba
    ejecuta una cocina fusión bastante inclasificable tan convincente como
    divertida y que desde ya les aconsejo visitar.



    Pero centrémonos en Koma. Koma aunque
    asesorado por Fernando tiene al frente de su cocina a una magnífico cocinero,
    Javier Molero que tras una dilatada experiencia (Casa Marcial, StreetXO…)
    plantea una propuesta gastronómica interesante y que se aleja de los parámetros
    más típicos y tópicos que suelen encontrarse en las cercanías de la capital.



    Es cierto que en sus platos hay
    evidentes guiños a diferentes cocinas del mundo y que ese toque asiático que
    tan bien domina Limón se deja ver en buena parte de ellos, pero al fin y a la
    postre la oferta de Koma es, en esencia, una sucesión de buenos platos, ricos,
    con elaboraciones irreprochables y con un nivel más que notable.


    Resultón el falso niguiri con kimchi
    casero da paso a unas magníficas gyozas de carabineros con salsa Thai y
    semillas de chia, un plato que nos sitúa en el gran nivel de Molero.
    Continuamos probando algunos de sus nuevos platos; muy buen nivel tanto en el
    brioche de eneldo, salmón gravlax y pepinillos como el pan bao con panceta
    asada y hoisin de fresa.


    Entre los principales destacar un
    magnífico tataki de atún rojo que se acompaña con babaganoush (berenjena
    ahumada) y pesto de algas, el pez mantequilla marinado en miso con shitakes
    encurtidas y una muy correcta carrillera de ternera al curry rojo con risotto
    de trigo sarraceno.


    Postres coherentes con el nivel señalado
    con un muy buen tiramisú de haba tonka y un sabroso lemon pie con fruta de la
    pasión.


    Bodega correcta con precios moderados en
    la que nos encontramos con ese “gitano pelirrojo” que tiene a Fernando Limón
    detrás de él y que nunca defrauda. Precios comedidos y servicio de sala atento
    y cercano lo convierten en una estupenda opción para estos meses de primavera
    verano.



    El broche perfecto a la experiencia es
    pernoctar en el hotel Box Art La Torre. Sus propietarios, Pilar y Ángel, han dispuesto
    todo para el absoluto disfrute de sus clientes. 7 habitaciones cuidadosamente
    decoradas y con abundantes piezas de arte, spa, masajes, alquiler de bicicletas…
    son el perfecto complemento a una experiencia gastronómica que promete coger
    solidez a corto plazo. Muy recomendable.

    Paseo de Rosales, 48 – Collado Mediano,
    28450 MADRID


    https://www.latorreboxarthotel.es/es/el-hotel/

  • Las pizzas digestivas y diferentes de Fratelli Figurato

    Las pizzas digestivas y diferentes de Fratelli Figurato

    Recientemente
    ha abierto sus puertas en el barrio de Chamberí, Fratelli Figurato, el proyecto
    empresarial de los hermanos Riccardo y Vittorio Figurato que llevaban años con
    la idea de ofrecer la auténtica pizza napolitana innovando en su elaboración
    con diferentes harinas y fermentaciones con el fin de conseguir un producto
    mucho más ligero y digestivo que las tradicionales pizzas.



    Así
    ofrecen en carta tres variedades diferentes de masas: la integral, la cinco
    cereales y la tradicional. Después, el tratamiento que dan a la masa, que se
    deja fermentar al menos durante 36 horas, termina por proporcionar al producto
    una ligereza y un sabor muy diferente al que estamos acostumbrados, porque la
    pizza entra en el horno únicamente cuando ha terminado su proceso de
    fermentación.



    Una
    vez  fermentada, se hornea únicamente la
    base de la pizza con los ingredientes base (tomate, mozzarella, crema de
    calabaza, etc) para, nada más salir del horno, añadir los ingredientes de cada
    receta (la mayoría de ellos de procedencia italiana), consiguiendo así una
    potenciación del sabor del producto final. Hay que destacar que las pizzas se
    hornean en un horno eléctrico Izzo que cuenta con piedra refractaria que
    permite que la pizza no se queme, a la vez que eleva la pureza de los sabores
    al máximo nivel ya que los sabores no se ocultan tras las cenizas.



    En
    carta lo que nos encontramos son 12 pizzas divididas en tres categorías,
    tradicionales, frescas y no convencionales y en este último apartado donde
    tienen cabida las más originales creaciones de Riccardo.



    La
    carta de la pizzería se completa con una serie de entrantes típicos de Italia como
    los piccolinos, “pequeños abre boca – mientras esperas tu pizza” de productos
    italianos (mortadella, tomates secos, etc.), y se cierra con una variedad de
    postres italianos, entre los que sobresale el cannolo de Sicilia, una cubierta
    de masa frita y crujiente, rellena con una mezcla de crema de queso ricotta y
    naranja y  el tradicional tiramisú.


    Recientemente
    han creado un servicio de delivery que permite que pueda disfrutase de sus
    pizzas en cualquier domicilio de la capital.

  • RUGANTINO CASA TUA, QUIÉN TUVO, RETUVO

    RUGANTINO CASA TUA, QUIÉN TUVO, RETUVO

    Pocos serán los madrileños o visitantes
    de la capital de más de cuarenta años que no hayan bajado alguna vez en su vida
    las míticas escaleras del restaurante Rugantino. Eran años es los que la
    gastronomía no estaba tan internacionalizada y en los que visitar un
    restaurante especializado en comida italiana resultaba casi exótico. ¡Cuántas
    vueltas da la vida!



    Rugantino era eso que ahora las revistas
    de estilo de vida denominan “place to be”, ese lugar al que iba el famoseo,
    políticos, periodistas (su ubicación junto a los estudios de la emisora de
    radio Antena 3 en la calle Oquendo tenía bastante culpa de todo ello) y en el
    que además se comía rico por un precio moderado.


    En aquellos tiempos formaba parte del
    grupo VIP´S que por entonces vivía sus años dorados.



    Pero con el paso de los años y la
    llegada de nuevos conceptos gastronómicos, Rugantino fue apagándose hasta caer
    en el más absoluto de los olvidos. Fue hace unos meses cuando un ex directivo
    del grupo Sigla ( VIP´S ), Ignacio Bonilla, se hizo con el restaurante con el
    anhelo de resucitarlo.



    Tras un lavado de cara del local (aunque
    sus bóvedas siguen generando el mismo impacto que antaño), no hay nada mejor
    que cuando algo ha funcionado tratar de mantener su esencia. Y básicamente eso
    es lo que se ha hecho con Rugantino que ha incorporado en esta nueva etapa el
    apellido Casa Tua.


    Su propuesta sigue siendo muy similar a
    aquella que nos cautivó hace décadas. Sus patatas con salmón y holandesa, ese
    mítico “paja y heno”, sus pizzas, su milanesa… Comer ahora en Rugantino es para
    muchos (me incluyo) recuperar parte del pasado y hacerlo a través de la memoria
    del sabor.



    Poco más que decir. Sigue comiéndose muy
    bien a precios contenidos. Ahí radicaba su éxito y eso, fíjense, permanece
    inalterable. Si lo conocieron, vuelvan; revivirán al instante parte de su
    pasado. Si no lo conocieron, sepan que están a tiempo.

    http://www.rugantino.es/

  • TARAMARA, COCINA VIAJERA JUNTO AL CAMPO DE LAS NACIONES

    TARAMARA, COCINA VIAJERA JUNTO AL CAMPO DE LAS NACIONES

    Hace
    ya un par de años que los hermanos Sergio y Roberto Hernández abandonaron La
    Chusquery en el barrio de La Latina para crear Latasia en el paseo de la
    Castellana. Cocina imaginativa con bastante fusión sobre todo con Sudamérica y
    el sudeste asiático. Tras el éxito obtenido con Latasia, hace seis meses
    decidieron crear un nuevo restaurante en la zona del Campo de las Naciones. Así
    nace Taramara, un concepto que a priori los hermanos Hernández proyectaban
    diferente a Latasia, pero en el que el paso de los meses ha provocado que
    muchos clientes de Latasia hayan recalado en sus mesas buscando esa misma
    cocina viajera. En sus meses de existencia la carta de Taramara se ha ido
    aproximando a la de Latasia, lo cual desde mi punto de vista me parece un
    acierto.



    En
    su propuesta, opciones interesantes, platos de contrastes, de guiños evidentes
    a diferentes cocinas y sabores que resultan plenamente convincentes.



    Llega
    así a la mesa dos de los platos estrella de Latasia, su ensaladilla rusa en una
    vertiente más tradicional y un fantástico ceviche de corvina que se acompaña de
    maíz cancha y de un puré de camote (tubérculo de sabor dulce). Seguimos con un
    magnífico tartar de zamburiñas con aliño thai, fresco y cítrico, con notas de
    chili dulce y uvas de mar.

    Entre
    los principales nos decantamos por la raya con curry rojo y berberechos y un
    muy correcto taco de bellota puro al carbón con tikka masala y arroz chaufa. Lo
    dicho, abundancia de contrastes y texturas que provocan sabores convincentes y
    creaciones redondas.



    Local
    amplio y luminoso del que el estudio de interiorismo Lab Matic ha sacado el
    máximo provecho. La zona central que recibe al comensal está presidida por una
    amplia barra que cuenta con una carta de raciones y medias raciones muy
    pensadas para ser compartidas. A un lado, el salón principal, decorado con
    muebles originales de los años sesenta, una chimenea y madera de nogal tipo
    club privado; al otro, un tercer espacio más íntimo, con vistas a la cocina
    abierta. Interesante y recomendable.

  • LAS TORTILLAS DE GABINO, TORTILLAS Y MUCHO MÁS

    LAS TORTILLAS DE GABINO, TORTILLAS Y MUCHO MÁS

    Nino
    Redruello

    es un magnífico cocinero que ha sabido hacer su propio hueco en la gastronomía
    madrileña. Tras haber trabajado durante varias temporadas en el mítico
    restaurante familiar de La Ancha y
    haberse formado en la escuela de Luis
    Irízar
    , Redruello pasó por fogones tan conocidos como Arzak, El Bulli,
    Lindsay House en Londres, Akelarre o El Cenador de Salvador. Fue en 1995 cuando
    decidió abrir su propio proyecto y surgió así Las Tortillas de Gabino; posteriormente vendrían La Gabinoteca, Fismuler y recientemente la extensión barcelonesa de Fismuler.


    Las Tortillas
    de Gabino

    es uno de esos sitios en los que difícilmente uno se siente defraudado.
    Ambiente agradable, salón acogedor decorado por el estudio Arquitectura Invisible del hermano de Nino, cocina rica de
    esa que gusta a todo el mundo, precios comedidos…todo parece estar dirigido al
    disfrute del cliente.


    No es por ello extraño que sus mesas se
    abarroten tanto entre semana como en fines de semana y es que cuando se come
    bien, el servicio es diligente y profesional (sensacional la labor de Ekaitz Almandoz a cargo de la sala) y
    los precios son coherentes, la recompensa termina llegando.


    En su propuesta gastronómica producto
    seleccionado con mimo a diario que hace que la carta sea diferente cada día
    según la oferta del mercado y recetas tradicionales en las que puntualmente se
    introduce algún toque más vanguardista.


    Navajas gratinadas, boquerones en adobo,
    judías verdes con crema de guisantes, albóndigas, guisos diferentes cada día…
    resulta obligatorio dejar espacio para sus afamadas tortillas. El nombre del
    restaurante se debe a Gabino, un cocinero que trabajaba en La Ancha y que según
    el padre de Nino «hacía las tortillas como nadie». La estrella de la
    casa es la tortilla y entre su amplia variedad destacan La Velazqueña (la
    clásica que hacía Gabino), la trufada o la guisada con callos. Decidan la que
    decidan, acertarán.

    Si después les queda hueco el inevitable
    escalope Armando, presente en todos
    los establecimientos de la familia, es una opción perfecta.