

La «tendencia» en gastronomía, como en tantos otros aspectos de la vida, es fundamental. Si algo hemos vivido en los últimos años es ese cambio de una cocina vanguardista y efectista a la recuperación de conceptos que hace una década no se planteaban por considerarlos caducos. Recetas de siempre, terminaciones en mesa, recuperación de sabores olvidados… incluso en lo decorativo y funcional hemos pasado en poco tiempo del minimalismo a resucitar un concepto que había desaparecido prácticamente como es el de las casas de comidas. Ahora mismo esa es la tendencia y nuestra reciente visita a Candela Madrid, un local con solo cuatro meses de vida, así lo confirma.
Y es que en ese concepto de casa de comidas se engloba todo aquello que injustamente habíamos desechado; dar mayor importancia al contenido que al continente, recuperar platos que incomprensiblemente desdeñábamos por considerarlos viejunos, volver a la sencillez y a la autenticidad, a la cocina honesta de toda la vida que Candela Madrid deja patente en su propuesta.
Distribuido en dos zonas, la planta calle más dirigida al tapeo informal y el comedor en el sótano, Candela ofrece al comensal un abanico de buenas recetas que se ejecutan con precisión y que convencen inmediatamente al comensal. Su carta está diseñada por José María Ibañez, jefe de cocina durante trece años del mítico restaurante Semon. Como jefe de cocina, Pedro González Rial, un veterano que ha pasado por diferentes restaurantes del prolífico Grupo Oter dirigiendo sus fogones. Ahora se acompaña de Jorge Pérez-Juste (formado en El Celler de Can Roca) para dar forma al capítulo dulce de la propuesta.
Entrando en su carta destacan entre los entrantes platos como las alcachofas crujientes (que probamos el día de nuestra visita con sobresaliente resultado), las croquetas de jamón, la ensaladilla con langostinos, unos sugerentes calamarcitos de potera acompañados de mayonesa de lima o el foie micuit elaborado en la casa.
Entre sus segundos variedad de arroces e interesante oferta tanto en carnes como en pescados. Tuvimos ocasión de probar un delicioso bacalao al pilpil (hay que ver lo que cuesta encontrar un buen pilpil en Madrid) que dejaba en evidencia el buen nivel que en cocina mantiene el restaurante.
Fundamentales igualmente las albóndigas con colmenillas, una deliciosa receta que proviene de Semon, sus estupendos callos a la madrileña, imprescindibles en cualquier casa de comidas que se precie, y un magnífico steak tartare elaborado delante del comensal, como dictan los cánones y que se acompaña de patatas souflé.
La
carta de vinos la compone una cuidada selección de 25 referencias en la
que, a excepción de algunos clásicos de alta gama, apuesta por etiquetas de
autor, denominaciones de origen menos habituales –Toro, Bierzo, Ribeiro, Ribera
Sacra…– y, en general, vinos de buena relación calidad-precio que no
engrosen la factura final. Cabe mencionar también a un equipo de sala motivado
y con experiencia que contribuye a redondear la experiencia.

Desde hace escasas semanas el local que durante años ocupara Loft 39, uno de esos locales que tanto gustaban en Madrid «para ver y ser visto». se ha convertido en Bel Mondo, un restaurante italiano que en este escaso tiempo se ha convertido en el nuevo place to be de la capital. Llegar y vencer.
Perteneciente al Grupo Big Mamma, creado a su vez por Tigrane Seydoux y Victor Lugger, Bel Mondo es el decimocuarto restaurante de este grupo que ha sabido desarrollarse en Europa (la mayor parte de sus restaurantes están en Francia) con una puesta en escena y un story telling que desde luego no dejan indiferente a nadie.
Cada uno de sus restaurantes es diferente entre sí y cuentan con un estudio interno de decoración, KIKI, que se encarga de hacer auténticos objetos de deseo. Bel Mondo es desde el primer momento sorprendente e impactante. Su escalera es- y va a seguir siendo- objeto de múltiples fotografías destinadas a las redes sociales y sus diferentes espacios enamoran a primera vista con una estética a medio camino entre lo elegante y lo romántico, entre lo barroco y lo kitsch. La mezcla, créanme, funciona.
Gastronómicamente el grupo se surte de seleccionados productores y ofrece una carta fácil de gustar, con precios agradecidos y platos que resultan resultones y agradables para un público que busca en la experiencia mucho más que lo netamente gastronómico. Sumergirse en Bel Mondo es mucho más que visitar un restaurante italiano. Big Mamma es consciente de que sus locales son esos restaurantes en los que todo el mundo quiere -y casi necesita- estar o haber estado y no deja ningún cabo suelto para que todo funcione según sus previsiones.
Es el restaurante perfecto para estos tiempos de redes sociales y una gran capital como Madrid, que necesita cada cierto tiempo un revulsivo y una novedad ante la que postrarse. Basta con que pasen por la puerta de Bel Mondo para que vean que siempre hay gente esperando una mesa en el restaurante. No en vano, su sistema de reservas deja siempre un número de mesas destinadas a público sin reserva, lo cual es una estupenda forma de asegurarse permanentemente gente a su entrada que a su vez genera en quien pasa por delante interés por lo que allí dentro se ofrece. Lo dicho, la fórmula es sobresaliente.
La carta cumple sin problemas. Son platos que apetecen a prácticamente todo el mundo, con una puesta en escena sensacional y que a la postre resultan ricos e interesantes. Precios comedidos, personal italiano eficiente, simpático y diligente, carta de vinos italianos y cócteles… Bel Mondo lo tiene todo para convertirse precisamente en lo que quiere convertirse, ese restaurante al que sí o sí hay que ir. La experiencia merece la pena. Recomendable.

Hemos tenido ocasión de conocer recientemente uno de esos restaurantes que rápidamente te cautivan. Y es que en estos tiempos de pandemia y crisis, la gastronomía -como el resto de los sectores y facetas de la vida- está viviendo momentos convulsos que, sin duda, terminarán por desechar usos y costumbres que hasta ahora eran habituales y por renovar diferentes conceptos. Pero vamos a La Posada del Nuncio y les contamos lo que allí pudimos ver y probar.
Javier Sánchez, chef y propietario de La Posada del Nuncio sabe bien lo que se hace y comulga a buen seguro con lo expuesto. En su restaurante, acogedor desde el momento en ql que se entra en él, se tienen en cuenta todos esos mimbres; muy de agradecer sobre todo cuando se encuentra en una zona, Madrid de los Austrias, a escasos metros de la plaza Mayor, en la cual se ha denostado al madrileño y se ha dirigido todo a ese turisteo guiri al cual en muchas ocasiones se engaña con propuestas que -salvo el nombre- poco tienen que ver con la auténtica gastronomía española.
Pero en la Posada del Nuncio todo es como debe de ser. El producto es capital y se cuida primordialmente. Esto es algo que se aprecia nada más entrar y ver los bodegones de verduras naturales que reciben al visitante. Atención a sus tomates que juegan en la liga de los top de la capital. Javier los recibe todavía verdes desde Carabaña, León o Navarra para madurarlos en su casa y servirlos en el momento óptimo. Una verdadera delicia, no dejen de pedirlos si por La Posada acuden porque son francamente magníficos.
La carta, en fin, se compone de múltiples opciones apetecibles, en su mayoría a base de recetas de siempre que Sánchez reinterpreta con maestría. Soberbias las alcachofas, ahora que comienza la temporada, con foie, jamón y sal; sublimes sus torreznos XXL con ese crocante procedente de una fritura perfecta en la que no hay espacio para el exceso de grasa y espectacular un risotto con boletus, trufa y parmesano de sobresaliente nivel.
Entre los segundos la tónica se replica. Opciones apetecibles en las que la calidad de la materia prima brilla con luz propia. En nuestra reciente visita nos decantamos por un espléndido salmonete. Simplemente al horno, en un punto perfecto de asado y en el que era sencillo vislumbrar el punto de frescura y el perfecto trato dado en cocina.
Sería completamente injusto terminar nuestra reseña sobre La Posada del Nuncio sin hacer referencia, a Ángelo, nuestro camarero portugués que dió un recital de lo que debe ser el servicio en sala. Cercano, afable y profesional en todo momento, fue el broche perfecto para redondear una sensacional experiencia.
Aparentemente la fórmula es sencilla. Sin embargo, la experiencia demuestra que no debe de serlo tanto. Como siempre la mejor forma de contrastarlo es yendo y probando. No duden que ser feliz en La Posada del Nuncio es prácticamente inevitable. Pónganse en manos de Javier Sánchez y su equipo y disfruten.

Decía
Mario Benedetti que “Después de todo, la
muerte es sólo síntoma de que hubo vida”, y ésta es la idea que se festeja
en todo México los días 1 y 2 de noviembre: la muerte es parte de la vida y debemos celebrarla. En el Día de Muertos la Gastronomía Mexicana juega un papel
muy importante, no en vano ambas han sido declaradas por
la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por lo que IZTAC, -convertido ya en todo un
referente de la auténtica cocina mexicana en Madrid-, conmemora esta festividad tan significativa en México con un menú
degustación especialmente diseñado por Juan Matías, chef ejecutivo del
restaurante, que se podrá degustar los próximos
días 30 y 31 de octubre en servicio de cena.
La
creencia popular prehispánica dice que
las almas de los seres queridos que se nos fueron regresan durante el Día de
Muertos, por ello, se les recibe con
su comida y bebida favorita. Y así proceden en IZTAC, honrando el alma de
todos los muertos y de los amantes que dan nombre al restaurante: Una
historia de amor ambientada en el esplendor del Imperio Azteca que relata la
tragedia de Iztaccíhuatl y Popocatépetl
en la que la joven y bella Iztaccíhuatl
muere de tristeza tras creer, erróneamente, que su prometido había fallecido en
la batalla.
Una
receta que nunca falta en cada cena es el delicioso pan de muerto con el que finaliza
el Menú Degustación que se ofrecerá
únicamente en las cenas de los días 30 y 31 de octubre al precio de 55 euros (bebidas
no incluidas) y que se compone de los siguientes platillos:
Caldo
de Milpa
Fondo de
ave, hongos, chile poblano, flor de calabaza y granos de maíz; perfumado con
epazote
Tetela
de Maíz rellena de queso Oaxaca y hoja Santa
Antojito
típico mexicano a base de masa de maíz rellena de queso de la región de Oaxaca,
perfumado con hoja santa de sabor anisado, salsa de tomatillo verde y queso fresco.
Dobladita
de Pipián Blanco rellena de pato
Tortilla
de maíz rellena de pato desmechado en salsa de sésamo blanco y guarnición de
alcaparras, aceitunas verdes y piparra. ¡El favorito de Diego Rivera!
Tamalito
de gambas y flor de calabacín veracruzano
Masa de
maíz rellena de gambón y flor de calabacín envuelta en hoja de Totomoxtle,
cocido al vapor, servido con queso fresco y chiltomate.
Pulpo
en Manchamantel oaxaqueño
Pata de
pulpo a las brasas, en mole de sabor afrutado acompañado de frutas rostizadas.
Entomatado
de Pork Belly
Barriga de
cerdo confitada a baja temperatura con la piel crujiente, en salsa de tomatillo
verde, chipotle y piloncillo, con guarnición de puré boniato y calabacín bola a
la brasa.
Pan de
Muerto con chocolate
Dulce
de calabaza en tacha
Ubicado
en la plaza de la República del Ecuador, IZTAC
abrió sus puertas en el mismo espacio en el que en 1959 se inauguró México
Lindo con el fin de continuar con el linaje, cultura y tradición del que fue
primer restaurante mexicano de Madrid. Un
templo gastronómico que atesora la apabullante y fascinante esencia de México.
Una celebración de los sentidos en la que no falta la
explosión en el sabor y color de los platos. La
carta recorre desde el noroeste en Baja California hasta el suroeste en
Quintana Roo. Un total de 32 estados plasmados en cada una de las creaciones
presentes en ella sintetizan las diferentes opciones culinarias dentro del
país.
El interiorismo, firmado por el estudio de arquitectura Free Hand, es una extensión más de la
tradición que profesa su carta. Un lugar lleno de luz
en el que sentirte como en casa donde se une la elegancia minimalista con
materiales como la madera que aporta sensación de calidez.
Los lienzos realizados por el artista Gabriel Moreno
se integran perfectamente al diseño del restaurante y narran la maravillosa
leyenda del Popo y el Iztac los dos grandes volcanes que se admiran desde la
Ciudad de México.

Ahora que, por la dichosa pandemia, viajar
es complicado (cuando no imposible), comer en ciertos restaurantes puede
convertirse en una estupenda forma de hacerlo a través de sus platos a
diferentes puntos del mundo sin moverse de la mesa. Viene esta reflexión a
cuenta de la reciente visita que tuvimos ocasión de hacer al restaurante Popa en el
que el chef Willy Moya ejerce con maestría y presenta una
divertida carta en la que juega acertadamente con diferentes texturas, sabores
e ingredientes que conforma una propuesta que, créanme, merece la pena.
Moya es un magnífico cocinero
formado en la sede central de le Cordon Bleu en París y que
con posterioridad ha desarrollado su profesión en Londres, Estambul,
Sevilla y Madrid donde dirigía la cocina del restaurante Lobo 8 ubicado
en el Hotel Inglés. Dicha trayectoria es seguramente la causante del crisol
de sabores que constituyen muchos de sus platos y en los que queda
patente el buen hacer del cocinero.
La carta del restaurante se divide en cuatro
capítulos entre los que destacan Sevilla y Estambul, que
recogen sus platos preferidos de ambas etapas. Mientras que en el
primero Moya refleja la sencillez andaluza en platos como la ensaladilla
de pulpo, el salpicón de marisco, el tomate aliñado con piquillos o unas papas
aliñadas con ventresca, en el segundo se advierten el
atrevimiento de la fusión y toques más contemporáneos: vieira kimchi,
taco oriental de steak tartar y huevo de codorniz, falsa pizza de atún marinado
en lima y café y ceviche de corvina con leche de tigre son algunos
de los platos que lo integran.
Interesante de igual manera
el capítulo de entrantes con opciones tan sugerentes como la
gilda en tempura o el paté ibérico al oloroso con escabeche. En las apartados
de carnes y pescados el binomio andaluz asiático se mantiene.
Así conviven recetas tan tradicionales y desnudas como los chipirones a la
plancha, las gambas al ajillo, las coquinas o los pescados en fritura o
directamente a la plancha con opciones más condimentadas como la presa de
paletilla ibérica moruna. En cualquier caso, la constante es el buen
trato al producto y las ejecuciones correctas.
Importancia capital otorga Willy al
capítulo dulce de su carta. El estupendo hojaldre Saint Honoré o un delicioso
postre de chocolate, calabaza asada, helado de avellana y aceite de oliva son
solo un ejemplo de los mismos.
Reseñable además su menú denominado Lo que
diga Willy, una fórmula pensada para aquellos que no tienen claro
qué pedir, pero sí cuánto gastar, la mente lo bastante abierta y el paladar lo
suficientemente educado como para ponerse en manos del chef. Por un precio
que variará según mercado y las apetencias del comensal, Moya improvisará un
menú confeccionado con diversos platos de la carta o elaborados con productos
del día.
Si hace algunas semanas os hablábamos de la propuesta gastronómica del restaurante Bocanegra, hoy queremos referirnos a su nueva carta de hamburguesas.
El restaurante Bocanegra es un restaurante de corte canalla y algo pirata,
tanto por la presentación de los platos como por las originales elaboraciones,
que ofrece una carta de cocina mediterránea con toques internacionales pensada
especialmente para compartir, tanto en el interior como en sus jardines exteriores, que cuentan con
la terraza climatizada Bocanegra, además de una zona de mesas
al aire libre, y que ofrece una carta diferente de corte más informal.
Traspasar las puertas de Bocanegra es como adentrarse en el fondo del mar por sus
tonalidades de azules turquesas y verdes presentes tanto en las paredes, como
en los bancos corridos, en las mesas a medida con azulejos italianos
incrustados y en los detalles de su vajilla; en la zona de barra con mesas
altas unidas por arcos de metal y espejo creando un espacio diferente dentro de
la sala del restaurante; la vegetación que viste paredes y cuelga del techo inspirada
en las plantas marinas; y sus dos impresionantes graffitis del pirata que da la
bienvenida en las escaleras de acceso al salón del restaurante, así como en el
del fondo de la sala con los rostros de conocidas mujeres. La terraza muy
luminosa y con abundante vegetación para disfrutar de los rayos de sol del
invierno sin pasar frío.
Además de sus nuevas hamburguesas, algunas de las novedades que podemos
encontrar en la carta del restaurante Bocanegra,
son: merluza con salsa de gambas y patatas confitadas, chipirones de anzuelo a
la plancha con pisto, el nuevo cachopo de ternera elaborado al momento con
jamón ibérico y patatas bastón, o la ensalada de queso de cabra con anchoas,
tomate y cebolla caramelizada.
En cuanto a la nueva carta de hamburguesas, Bocanegra ofrece, con precios entre 12,50 y 15,50 euros, las siguientes:
Classic: Carne 100% vacuno, pepinillo americano, queso cheddar, tomate a la
plancha, cebolla caramelizada y lechuga roble, acompañada de patatas fritas
caseras
Corsario: Carne 100% vacuno, huevo, bacon, BBQ, cebolla caramelizada, doble de
queso, lechuga, tomate a la plancha y mayonesa, acompañada de patatas fritas
caseras
Gran Capitán: Doble 100% vacuno, bacon, lechuga roble, tomate a la plancha, cebolla
caramelizada, queso cheddar, queso sándwich, salsa BBQ, mayonesa y acompañada
de patatas dólar
Grumete: Pechuga de pollo a la plancha con lechuga roble, queso Edam, mayonesa,
bacon y tomate a la plancha, acompañada de patatas fritas caseras
La Bucanera: Pollo empanado con lechuga de roble, tomate a la plancha, queso de cabra
y mayonesa, acompañadas de patatas dólar
Bocanegra Mex: Tinga de pollo, guacamole, pico de gallo, lechuga de roble, acompañada
con patatas dólar
Perla Negra: Pan Black con sésamo, carne 100% vacuno, trío de pimientos confitados,
bacon y cebolla a la plancha, mezcla de quesos rallados y salsa americana, acompañada
con patatas dólar

Tras varios meses cerrado como
consecuencia del confinamiento y de los meses de verano y coincidiendo con la
llegada del otoño ha reabierto sus puertas el restaurante la Clave, un
restaurante que, aunque no tenga muchos años de vida, ha sabido hacerse su
hueco en la gastronomía madrileña desde el primer momento.
Especializado en cocina clásica española, el restaurante vuelve a
servir el plato más emblemático de Madrid, además de otras tradicionales
delicias regionales: callos a la madrileña, fabada asturiana, rabo de toro a la
cordobesa…
La Clave, las actuales circunstancias
obligan, aplica todas las medidas anti-Covid: distancia de seguridad de dos
metros entre mesas, uso de mascarillas, toma de temperatura, hidrogeles… “Los madrileños
necesitan volver a disfrutar sus platos favoritos sin miedo y en condiciones
seguras. La cocina española quiere dar un mensaje de esperanza en tiempos tan
duros. Los comedores son seguros” apunta su propietario
Tomás Gutiérrez, Presidente de Hostelería Madrid desde hace 19 años.
Bajo la dirección de
Ainhoa Gutiérrez, La Clave ha renovado su carta de otoño-invierno, integrada
por 35 platos, además de seis sugerencias del día. Mantiene especialidades
imprescindibles, muchas de ellas premiadas, como los callos a la madrileña, la
fabada asturiana, el rabo de toro (Mejor Menú del Mes del Rabo de Toro), el
cachopo de solomillo (finalista de ‘En Busca del Mejor Cachopo de España’), el
conejo asado, el cochinillo segoviano y el chuletón a la parrilla.
Se introducen tres nuevos arroces (ciego, meloso y al
horno) y se innovan platos de cuchara como los garbanzos con boletus y
langostinos. Entre otras novedades, destacan las alcachofas confitadas con
huevo de codorniz y trufa, las milhojas de pulpo a la gallega, las pochas con
carabineros y almejas, la merluza soasada con suquet de moluscos y trigueros,
el bacalao confitado y su Vizcaína, los tacos de atún en adobo con mojo rojo
caramelizado y papas arrugadas, la paletilla de cordero a baja temperatura
glaseado y la sopa de frutas con sorbete de frutos rojos.
Pero sin duda el plato estrella de La Clave es su
impresionante cocido madrileño; un cocido madrileño que tiene como
particularidad el que se sirve en cuatro vuelcos ya que, a los tres
tradicionales, se antepone una exquisita croqueta elaborada con la “pringá” del
cocido. Como plus para los más sibaritas, La Clave ofrece la posibilidad de
armonizar su clásico cocido con Champagne Taittinger Brut Reservé, algo
original y novedoso que vuelve a confirmar lo que muchos siempre hemos pensado:
el champagne armoniza a la perfección con TODO.

Murillo Café ha sido el restaurante escogido por Grana Padano D.O.P. para la realización de un menú en el que todos los platos giran en torno a este suculento queso. Murillo Café, un bistró que fusiona la cocina mediterránea con lotes latinos , ha combinado el sabor de Grana Padano Riserva,
un queso de más de 20 meses de maduración, con algunas de sus mejores
recetas.
Bajo
esta premisa, el chef de Murillo Café ha
creado una propuesta basada en dos entrantes y tres platos principales
donde el queso es el protagonista.
Como entrantes, Murillo Café presenta carpaccio
de res con aceitunas deshidratadas, alcaparrones, Grana Padano Riserva, rúcula y vinagreta de limón de la casa; y ensalada
de fideos de hinojo fresco con aguacate,
Grana Padano Riserva y vinagreta de lima.
La selección de los
platos principales de este menú especial con Grana Padano Riserva se compone de
risotto de tomates secos hecho con base de tomates deshidratados, tomate raf y
queso Grana Padano Riserva derretido lentamente durante la cocción y decorado
con finas lascas del mismo; fagotti a la trufa negra: una
pasta rellena de crema de trufa negra con emulsión de mantequilla, chalotas y
Grana Padano Riserva; y patacones de plátano macho frito y queso Grana
Padano Riserva, servido con tartar de tomate Raf, aguacate y nata criolla.
Con
este menú especial, Murilló Café
traslada la versatilidad, el sabor y las propiedades nutricionales de Grana
Padano Riserva, uno de los mejores exponentes de la
gastronomía italiana.
Murillo
Café lleva desde comienzos del siglo XX siendo un referente del barrio de
Jerónimos-Retiro, no solo por sus platos sino por estar rodeado de los
principales museos y edificios dedicados a la cultura y al arte de Madrid como
son el Real Jardín Botánico, el museo Nacional del Prado, la Real Academia
Española y la iglesia gótica de San Jerónimo El Real.
Junto con este menú único, Grana Padano D.O.P. añade a la experiencia
del comensal la presencia de una imponente rueda de queso Grana Padano Riserva: una
pieza de 35kg que ha sido enviada directamente
desde el Valle del Po, en el norte de Italia, zona de producción de los quesos Grana
Padano.
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Hace
poco más de un año que llegó a la madrileña calle de Génova un novedoso
concepto que, en un coqueto local con acogedoras paredes vestidas de toile de Jouy, evoca a un café parisino
de finales del siglo XIX, aunando la patisserie (pastelería) con la boulangerie
(panadería) y el restaurant boutique.
Su
nombre, Maison Mélie, proviene de
una pastelería que abrió sus puertas en la pequeña localidad de Honfleur
(Normandía) en el año 1894. Maison Mélie
llega a España de la mano del financiero Michel
Glas que se propone trasladar a Madrid la esencia de la mejor gastronomía
francesa, así como de las delicias de su mítica panadería y pastelería.
Al
frente de su obrador Olivier Duport,
un conocido maestro pastelero que ha sido galardonado en múltiples ocasiones. Degustar
sus impresionantes croissants (con mantequilla d’Isigny), sus inigualables
macarons y sus panes es algo que
nadie debiera dejar de hacer.
El chef Jean Charles Lanne dirige la cocina
del restaurante de Maison Mélie proponiendo
una carta eminentemente francesa (foie
gras mi-cuit, ratatouille, pavé de salmón, croque-monsieur, tartare de buey…),
pero en la que también hay cabida
para algunos platos internacionales (tabulé
de quinoa, vitello tonnato…), así como una amplia selección de hamburguesas.
Maison Mélie se convierte así en un destino obligatorio
para disfrutar de un buen desayuno,
una excepcional merienda (24 euros),
un inolvidable brunch (29 euros) que
la Maison ofrece cada domingo, un buenísimo almuerzo de negocio o
una cena deliciosa. De
lunes a viernes hay también un menú del día al precio de 14,90 € y los sábados
a 19,90 €.
Complementariamente, Maison Mélie ofrece los servicios de delivery y take–away para
disfrutar de sus excepcionales productos en el domicilio particular.
La terraza de
Maison Mélie
dispone de una carta específica compuesta tanto por tablas de embutidos y quesos franceses
y españoles, así como de raciones
variadas.
Maison
Mélie igualmente ofrece
de 18h00 a 21h00 una Happy Hour donde se sirven (con un 25% de descuento) los más
tradicionales platos del país galo (croque-monsieur, quiches variadas, tarta de
cebolla…) para acompañar a cervezas,
combinados y coctelería internacional.
Para
esta nueva temporada el restaurante propondrá mensualmente cenas acompañadas de música con un menú específico para cada ocasión
y una original novedad: para mesas de
más de 4 personas el anfitrión de la misma podrá diseñar el menú con el chef
del restaurante y podrá ayudar a su elaboración en la cocina.