Popa, el onírico universo de sabores del chef Willy Moya

 Ahora que, por la dichosa pandemia, viajar
es complicado (cuando no imposible), comer en ciertos restaurantes puede
convertirse en una estupenda forma de hacerlo a través de sus platos a
diferentes puntos del mundo sin moverse de la mesa. Viene esta reflexión a
cuenta de la reciente visita que tuvimos ocasión de hacer al 
restaurante Popa en el
que el 
chef Willy Moya ejerce con maestría y presenta una
divertida carta en la que juega acertadamente con diferentes texturas, sabores
e ingredientes que conforma una propuesta que, créanme, merece la pena.

 


 Moya es un magnífico cocinero
formado en la sede central de le Cordon Bleu en París y que
con posterioridad ha desarrollado su profesión en Londres, Estambul,
Sevilla y Madrid donde dirigía la cocina del restaurante Lobo 8 ubicado
en el Hotel Inglés
. Dicha trayectoria es seguramente la causante del crisol
de sabores
 que constituyen muchos de sus platos y en los que queda
patente el buen hacer del cocinero.

 


La carta del restaurante se divide en cuatro
capítulos 
entre los que destacan Sevilla y Estambulque
recogen sus platos preferidos de ambas etapas. Mientras que en el
primero 
Moya refleja la sencillez andaluza en platos como la ensaladilla
de pulpo, el salpicón de marisco, el tomate aliñado con piquillos o unas papas
aliñadas con ventresca
,
 en el segundo se advierten el
atrevimiento de la fusión y toques más contemporáneos: 
vieira kimchi,
taco oriental de steak tartar y huevo de codorniz, falsa pizza de atún marinado
en lima y café y ceviche de corvina con leche de tigre
 son algunos
de los platos que lo integran.

Interesante de igual manera
el capítulo de entrantes con opciones tan sugerentes como la
gilda en tempura o el paté ibérico al oloroso con escabeche. En las apartados
de carnes y pescados el binomio andaluz asiático se mantiene.
Así conviven recetas tan tradicionales y desnudas como los chipirones a la
plancha, las gambas al ajillo, las coquinas o los pescados en fritura o
directamente a la plancha con opciones más condimentadas como la presa de
paletilla ibérica moruna.  En cualquier caso, la constante es el buen
trato al producto y las ejecuciones correctas.

Importancia capital otorga Willy al
capítulo dulce de su carta. El estupendo hojaldre Saint Honoré o un delicioso
postre de chocolate, calabaza asada, helado de avellana y aceite de oliva son
solo un ejemplo de los mismos.



Reseñable además su menú denominado Lo que
diga Willy
una fórmula pensada para aquellos que no tienen claro
qué pedir, pero sí cuánto gastar, la mente lo bastante abierta y el paladar lo
suficientemente educado como para ponerse en manos del chef. Por un precio
que variará según mercado y las apetencias del comensal, Moya improvisará un
menú confeccionado con diversos platos de la carta o elaborados con productos
del día. 

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