Categoría: restaurantes

  • Jornadas del atún del Mediterráneo en Enso Sushi

    Jornadas del atún del Mediterráneo en Enso Sushi

    Tuve ocasión de conocer la semana pasada Enso Sushi. La cocina japonesa me apasiona y el atún rojo es una de mis debilidades, así que la propuesta de probar el menú del atún del Mediterráneo que se ofrece en dicho restaurante desde el pasado 20 de febrero hasta el 26 de marzo, no podía seducirme más.



    Enso Sushi es el proyecto hostelero de un enamorado de la cocina nipona y de un verdadero profesional en lo que al atún se refiere. Antonio Bernal se ha dedicado durante más de 20 años a la exportación del atún rojo a Japón, participando en el diseño y supervisando la instalación de granjas de
    engorde en distintos países de la cuenca mediterránea, como Túnez, Chipre
    Italia, Malta, Croacia o Turquía. Antonio vivió en Tokio,
    amplió y perfeccionó su formación en el mítico mercado Tsukiji, el
    mayor y más exigente mercado de pescado del mundo, y fue proveedor de alguno de
    los mejores japoneses de Madrid
    , como Suntory, Kabuki o Tokyo Taro. 


    «Hemos diseñado este menú
    aprovechando que esta época es especialmente buena para el consumo de atún,
    pues las aguas frías del Mediterráneo, cuya temperatura no sobrepasa los 16 o
    17º,  hacen que la carne esté
    particularmente grasa, apretada y sabrosa. Son aspectos desconocidos para la
    mayoría y que nos gusta compartir con nuestros clientes”
    , explica Antonio Bernal,
    propietario de Enso Sushi.
    “Además -concluye- es una época de menos
    actividad, por lo que el atún está menos estresado y, por tanto, la carne
    adquiere una textura más firme y jugosa».


    El menú en cuestión está formado por ocho platos que invitan al comensal a realizar un apasionante viaje a través del atún rojo, sus diferentes partes, elaboraciones y texturas. Comienza el mismo con un sensacional sashimi de atún elaborado con las partes más grasas del atún: el akami, que es
    la parte magra del interior de ambos lomos, dorsal y ventral, el chutoro, la
    parte del lomo dorsal más cercana a la piel, y el toro, que es la zona de la
    ventresca. 


    Continúa con un tartar de atún, brocheta de jengibre y miso,
    maki negitoro, uramaki de atún picante, uramaki especial, nigiri enso y culmina
    con un tataki de atún marcado en el Kamado, un horno japonés cerámico que
    permite cocinar a baja temperatura y de manera homogénea y otorga a la carne
    distintas intensidades de ahumado. 



    El menú del atún de Enso Sushi incluye estos ocho
    platos por 39 €
    (IVA incluido, bebidas aparte) y estará vigente desde 
    el 20 de febrero al 26 de marzo excepto noches de viernes y sábados y
    vísperas de festivos.



    Señalar por último que el local de Madrid es el quinto restaurante del Grupo Enso Sushi que tiene sucursales además en Alicante, Murcia, La Manga y Campoamor. Son estas Jornadas una inmejorable ocasión para acercarse a un producto de máxima calidad tratado de excepcional forma.



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  • Torrijas de leche, de vino y de chufa en Atrapallada

    Torrijas de leche, de vino y de chufa en Atrapallada

    Esponjosas y con un sabor inconfundible son un icono
    de nuestra gastronomía y el gran plato dulce de Semana Santa y Cuaresma. Para
    estas fechas,  Atrapallada ha preparado tres deliciosas versiones
    elaboradas de forma artesanal y todas ellas con base de brioche para darles más
    jugosidad y finura.





     

    Tres tipos de torrijas que se pueden comer por separado o pedir en un mismo
    plato para compartir. La clásica está elaborada a base de leche, la de vino se
    empapa en un Valdeorras y se le añade miel, cáscara de limón y naranja; y la
    más original, la de chufa se baña en un jarabe de horchata casera con un toque
    de naranja.

     

     

    Ubicado en el Paseo de las Acacias 12, Atrapallada es una combinación de gastronomía gallega y cocina de mercado en un espacio moderno y cálido, un
    lugar ideal tanto para los amantes de la buena mesa como para aquellos que
    buscan un local agradable y de diseño.

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  • Albertina, el retorno de la cocina de sabor

    Albertina, el retorno de la cocina de sabor

    Todos hemos escuchado o comentado alguna vez eso de que «este plato me recuerda a los que hacía mi abuela», «me sabe igual que cuando era niño»…. En el fondo la gastronomía se almacena de una forma muy especial en nuestra memoria y sabores que creíamos olvidados , simplemente están latentes en nuestro recuerdo esperando que, algún día, otro sabor similar los recupere. Toda esta historia viene a cuento de un restaurante recién inagurado llamado Albertina; en una reciente charla con sus socios me contaban que su objetivo con el restaurante era recuperar esos sabores, volver a las recetas tradicionales, a la sala académica, a conceptos que no deben caer en el olvido. Tengo que confesar que ese objetivo me pareció de lo más interesante.




    Albertina está situado en la calle Alberto Alcocer, 43 , en una zona que va conformando un pequeño grupo de restaurantes que anima el barrio. El proyecto decorativo ha corrido a cargo del estudio de interiorismo de Sonia Reixach y Albertina se presenta como un restaurante agradable, acogedor, moderno y elegante. El local se divide en una primera terraza acristalada y practicable que sin duda se va a convertir en uno de los place to go en cuanto el buen tiempo comience a llegar. Ya en el interior el local cuenta con una zona de barra y mesas altas presidida por una espectacular cava de vinos y en la que además de una carta de tapas se va a potenciar la coctelería, contando a tal efecto con Gratas Kucinskas, un joven y atractivo coctelero que sin duda va a ser un referente en  las noches.



    En el comedor propiamente dicho, Albertina ofrece otra carta diferente en la que platos actuales (ceviche, tartares, ensaladilla…) conviven con otros mucho menos habituales. Reseñable la importancia que se da a la cuchara ( verdinas con carabineros, alubias de Tolosa con berza y morcilla…), a los arroces y a guisos más que interesantes ( callos con pata y morro, cardos con almeja fina en salsa verde, perdiz estofada o en escabeche...). El día de nuestra visita probamos una caldereta de papada ibérica , setas y trigueros verdaderamente rica. A cargo de sus fogones dos jefes de cocina con amplia experiencia, Antonio Muro (Zalacaín, Viridiana, Gaztelubide, Trasgu) y Mariano Thomé (Casa
    Andrés, Gran Meliá Mallorca, Sagardi). 


                      

    Albertina además de esa cocina de fondos, de sabores, de matices y texturas, eleva la calidad de la materia prima a fundamento de su cocina. No en vano se ha sabido rodear de los mejores proveedores contando entre ellos con El Navarrico, Pan de Panes o Cárnicas Vaca Pinta.





    Al frente de la sala la eficaz y experimentada Griselda Ramos (La Candela, La Lonja, La Dorada) será la encargada de gestionar la bodega. Albertina quiere reforzar esa parte y prueba de ello son su espectacular cava acristalada que preside la zona de barra y un sherry bar con más de 50 referencias en el marco de los vinos de Jerez, cada vez más de moda.

    Próximamente Albertina asegura novedades. Desayunos, una segunda terraza al fondo del local, brunch and beat con sesiones de DJ, batallas de jazz y swing, pop ups con otros chefs…. Albertina ofrece un amplio abanico de posibilidades y promete hacerse un hueco en el primer nivel del panorama gastronómico madrileño. La apuesta es firme y desde luego apunta maneras.



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  • Cebo o la perfecta experiencia gastronómica

    Cebo o la perfecta experiencia gastronómica

    Los que me conocen saben que prácticamente todos los días o bien como o bien ceno en algún restaurante. Intento «hacer» uno al día (mi estómago ya no da para comida y cena en el mismo día). Viene todo esto a cuento de que cada vez es más raro que algo te sorprenda; te sorprenda -quiero decir- con mayúsculas…. esa sensación de «esto pinta muuy biennn». Pues algo así es lo que me sucedió hace unos días en el restaurante Cebo.



    Cebo se ubica dentro del hotel Urban (perteneciente a la cadena Derby). El hotel Urban ha alojado hasta la fecha varias propuestas gastronómicas, ninguna de las cuales ha llegado a cuajar definitivamente. Cebo es la última y efectivamente tiene toda la pinta de ser la definitiva. Una vez conocido Cebo queda muy claro la apuesta que el grupo hotelero ha hecho por la gastronomía y ha conseguido reunir a un magnífico equipo de profesionales que actúan además con una sincronía admirable. 


    A cargo de los fogones de Cebo, Aurelio Menéndez, un chef nacido en Alcalá de Henares al que seguíamos desde la lejanía y que tras su paso por importantes cocinas catalanas ( El Bulli, Tickets, Comerc24 y Ábac ) y tras alguna experiencia menos interesante, recala en Cebo para mostrar lo mejor de sí. Y lo hace de forma contundente con un menú degustación de esos de quitarse el sombrero, un menú degustación en 18 pasos donde la tónica general es la regularidad y la elegancia. Bocados perfectamente trabajados, matices y contrastes que llevan a posicionar la experiencia en Cebo como una de las mejores en mucho tiempo.


    Sin entrar pormenorizadamente en cada uno de esos 18 pasos sí señalaremos como más reseñables su versión del calçot ( con un ningyo-yaki o buñuelo japonés relleno de crema de calçot con puré de butifarra y punto de romescu ) verdaderamente sublime, su tataki (más bien tartar) de quisquilla con gel de sus huevas azul y aire de limón, su espectacular tortillita de garbanzos con croqueta ( y qué croqueta !!) líquida de callos o su chipirón de anzuelo en dos cocciones…



    Uno a uno van desfilando por la mesa y la verdad le cuesta a uno decidirse por qué le está gustando más. Difícil encontrar tanta uniformidad en un menú tan largo al que además acompaña un servicio de sala impecable (la labor en Cebo de Paco Patón es todo un espectáculo) y un impresionante maridaje.



    Llega a la mesa la versión de Morales sobre uno de los aperitivos más clásicos, boquerones con aceitunas y lo hace en forma de un boquerón marinado acompañado de helado de boquerones en vinagre, una base de garum –que aporta el punto de salazón- y esferificaciones de aceitunas de Campo Real. Simplemente brutal. Creo que si tuviera que quedarme con un único plato sería éste.



    Seguimos con su gamba roja a la plancha (sensacional), su arroz con níscalos y una picada de ajo,pan,avellanas y aceite, su jarrete y un magnífico bocado de queso elaborado con piel de leche rellena de mousse de queso y aderezado con trufa. Espectacular cada plato.





    Un prepostre denominado Boquería (en honor al mercado) a base de frutas tropicales en diferentes texturas prepara el paladar y limpia sabores para dar paso a ratafia (nuevo guiño a su pasado catalán) en el que un crujiente de cacao con crema de ratafia y falso merengue ponen un broche de oro a un magnífico menú degustación.


    El trabajo de Aurelio Morales en Cebo es absolutamente impresionante y a buen seguro irá cosechando los éxitos que sin duda merece, pero sería injusto central la mirada solo en él. Cebo funciona a la perfección desde el principio hasta el final y ahí, no lo duden, entra en juego el trabajo -el magnífico trabajo- de todos y cada uno los que allí intervienen. Mencionemos a Yassine Khazzari autor de la perfecta armonía de vinos y champagnes que ese día probamos y a Paco Patón como «director de esa orquesta» que sin duda ejecuta una impresionante sinfonía de sabores.


     Prueben Cebo, no se arrepentirán !!



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  • Carlos Oyarbide, alta cocina de aldea

    Carlos Oyarbide, alta cocina de aldea

    Tuve ocasión recientemente de conocer la cocina -la excepcional cocina- de Carlos Oyarbide. Carlos en sí es todo un personaje. Navarro hasta la médula, ejerce de tal y resulta difícil evaluar su cocina sin hacer referencia a sus raíces. La cocina de Oyarbide es una cocina personalísima, que nace desde dentro y que entronca directamente con su tierra navarra y con ese respeto secular que por la materia prima se vive en esa zona.



    El local que ocupa el restaurante Carlos Oyarbide fue anteriormente Paralelo Cero, un restaurante de cocina ecuatoriana que no tuvo éxito. Tras una acertada reforma, el nuevo restaurante resulta acogedor y coqueto con una tenue iluminación que lo convierte en cómodo y perfecto para una buena charla amenizada con la mejor gastronomía.



    Pero realmente no merece la pena demasiado centrarse en el local por que una vez a la mesa lo que allí sucede es lo verdaderamente reseñable. A cargo de la sala, Carmen, la mujer de Carlos, -también navarra , aunque de la ribera- hace de perfecta correa de transmisión entre la cocina de Oyarbide y el comensal.


    El nexo de unión de todos los platos es inequívocamente la excepcional materia prima y el delicado y magistral toque ejercido sobre la misma. Después, en una interesante charla con el cocinero, nos confiesa que él mismo cada mañana acude al mercado de Chamartín o al de la Paz para adquirir lo que cada día ve más óptimo. Su carta se basa exclusivamente en ese requisito, la excepcionalidad del producto y en base a ella configura su propuesta. Sin ninguna duda, «cocina de mercado» en esencia.


    Comenzamos a modo de aperitivo con una excepcional chistorra de cordero y unas espectaculares croquetas semifluidas de leche de queso latxa de ternera y brotes tiernos de espinacas; magníficas ambas con un punto de fluidez en la croqueta -ya su nombre avisaba de ello- que las hace diferentes y que rozan la perfección.



    A continuación un «roulé» de faisán con foie, pistachos e higos deja entrever ese aire afrancesado de la cocina navarra en un bocado tan elegante como delicioso. Unas sublimes alubias rojas guisadas con berza -pura mantequilla- ponen el contrapunto de cuchara en una gélida mañana que mejora sensiblemente tras este plato. Continúa el desfile, el lomo de merluza con sus pimientos pilpileados es un verdadero espectáculo que sólo se deja a un lado cuando aparece ante nosotros un impresionante huevo frito acompañado de portobellos y agasajado con trufa, todo un manjar difícil de igualar.



    Ya no podemos más, pero unas suculentas kokotxas de merluza con pilpil de miel y mostaza -probablemente las mejores que jamás haya comido- ponen punto y final a un memorable menú coronado con una inigualable pantxineta de almendras con crema pastelera. ¡ Impecable de principio a fin !



    A lo largo de los últimos platos, la comida se acompaña de la conversación con Oyarbide -ya más liberado del servicio- y me llama la atención esa cantidad de alusiones a su Navarra, a la excelencia del producto y a ese anhelo en ser una «casa de comidas», un lugar donde la gente vaya realmente a disfrutar y a comer bien. Carlos en ese punto hace especial hincapié e inevitablemente la conversación deviene hacia el postureo, el ver y ser visto, las modas efímeras. No es su guerra…



    Desde su restaurante en la calle Villanueva, Oyarbide ofrece recetas de las de toda la vida, materia prima espectacular y el mejor trato que puede dispensarse a ese producto de excepción. El resultado es el previsible, sabores, sensaciones, matices, elegancia…. Altísima cocina con ese toque honesto y personal de quien sabe perfectamente lo que hace y lo hace además con maestría. Quizá no sean buenos tiempos para la lírica en  esta vorágine de mediocridad, pero la cocina de Carlos Oyarbide, no lo duden, es tan extraordinaria como eterna.


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  • Lúa y su atractiva barra de picoteo

    Lúa y su atractiva barra de picoteo

    Lúa es el proyecto hostelero de Manuel Domínguez, un fantástico cocinero al que su buen hacer le ha ido dando paulatinamente sus frutos. Lejos de ser un personaje mediático, Manuel Domínguez ha apostado desde sus comienzos por el producto sobre todas las cosas, por el respeto al producto sin disfraces ni artificios y ha conseguido crear una cocina de sabores y sensaciones, honesta y convincente de principio a fin. La llegada de la estrella Michelín supuso un fuerte espaldarazo y quizá esa mayor notoriedad, pero la cocina de Domínguez sigue fiel a sus acertados parámetros.



    Recientemente Lúa ha experimentado una reforma tras la cual se ha creado una zona de barra con una carta específica que además de en la barra puede degustarse en las mesas de la zona superior del restaurante, dejando la parte inferior destinada al menú degustación.



    Es una forma acertada y asequible de acercarse a una cocina de estrella Michelín para aquellos que o bien no deseen incrementar la factura en demasía, o bien  quieren disfrutar de una magnífica cocina sin emplear demasiado tiempo.



    En cuanto a la propuesta gastro de esta carta de tapas evidentemente no puede faltar el pulpo a feira , probablemente el mejor pulpo que puede tomarse en Madrid, ni esas sempiternas referencias a su Galicia natal. Sensacionales las navajas que probamos el día de nuestra visita con un toque de ponzu y cebolla encurtida que lejos de disfrazar potenciaba sutilmente el sabor; divertido y sabroso su trampantojo de patatas bravas que en realidad son langostinos en tempura; impresionante su sopa de ajo, elegante y equilibrada; soberbia su empanada de foie con pera caramelizada y queso San Simón.



    Pero quedaron en carta propuestas tan atractivas como los callos con garbanzos , los tacos de rabo de toro o los fritos de merluza. Postres a la altura con un magnífico pastel ruso con sopa de jengibre y aroma de gin tonic que hará las delicias de los más golosas.



    Todo un lujo y una ocasión que no se puede desaprovechar acercarse a la cocina de un estrella Michelín de una forma desenfadada, asequible y divertida. 35 euros de precio medio es un reclamo que sin duda no hay que dejar pasar.




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  • Charlie Champagne, sentido y sensibilidad

    Charlie Champagne, sentido y sensibilidad

     Un cocinero llamado Carlos Durán me había dicho en alguna ocasión que le apetecía verme alguna vez por su restaurante y la verdad por problemas de distancia, agenda…había ido dejando el tema pendiente; pero siempre que el nombre de Charlie Champagne salía en cualquier conversación, ante el inevitable «lo tengo pendiente» la respuesta del interlocutor, fuera quien fuera, siempre era «tienes que ir, te va encantar». Hace un par de semanas,por fin, tuve ocasión de probarlo.



    Charlie Champagne está situado en la calle Segovia, justo debajo del viaducto. Sorprende a priori la zona, más habitual para locales dirigidos al público turista y guiri que deambula por el Madrid de los Austrias. Cuando traspasas su puerta apareces en un pequeño local -lleno de encanto- donde el ladrillo visto y las bóvedas -tan frecuentes por allí- ocupan un acusado protagonismo. Es verdad que  le otorgan una peculiar atmósfera romántica , pero también lo es  que cierto aire «canalla» sobrevuela el ambiente creando un clima, al menos para mí, mucho más acogedor.



    Nos ponemos en manos de Charlie,que no es otro que Carlos Durán Herrera, un fantástico cocinero con años de experiencia a sus espaldas a quien se ve feliz en su espacio. Nada más comenzar a hablar con Carlos uno siente ante sí a un cocinero que por fin está a gusto con lo que hace. Rápidamente se percibe que su carácter es inquieto y que seguramente se toma su anterior andadura profesional como esa experiencia obligatoria que por fin un día te abre las puertas a hacer lo que siempre has soñado. Su cocina es tan sorprendente como inclasificable, tan mágica como imposible de encasillar, tan diferente y única ( ¡por fin algo diferente ahora que casi todo es igual! ) como diferente y único es el propio Carlos Durán.



    Ante nosotros van sucediéndose un magnífico repertorio de platos con el nexo común de la elegancia y el equilibrio, del sentido y la sensibilidad, que conforman un menú desgustación inteligente y lleno de honestidad y buen hacer. Magnífico su foie frío y asado con ragout de tomates picantes y piñones, perfecto su ceviche de pulpo y langostino con ensalada de algas, sorprendente su tiradito de pez mantequilla con curry picante, brutal su atún rojo, extraordinario y obligatorio su huevo a 62º con boletus y falso carbón de yuca. Todo ello armonizado con diferentes champagnes de la casa Sanger.



    Colosal el prepostre de menta,pepino,eucalipto y manzana con leche merengada que limpia sabores y prepara para terminar con un simple pero perfectamente resuelto pan perdido con chocolate. 



    Al final divagamos (yo el primero) mucho sobre gastronomía, olvidando a menudo que a un restaurante fundamentalmente se va a comer bien y a disfrutar. Pues esa precisamente es la sensación cuando abandonas Charlie Champagne. Y sí, el único «pero» que pongo a esta visita es que tardé demasiado tiempo en hacerla. Vayan y disfruten .



    Visitar web de Charlie Champagne

  • La Barra de Pelotari, cocina vasca de calidad en Las Tablas

    La Barra de Pelotari, cocina vasca de calidad en Las Tablas

    Si por algo se caracteriza la oferta hostelera de los nuevos barrios no es precisamente por su calidad. Propuestas lowcost, abundancia de franquicias y oferta mediocre suelen ser la tónica general. Por eso cuando se encuentra un proyecto sólido, con magnífica materia prima y recetas de muy correcta ejecución la sorpresa es notable. La Barra de Pelotari es un restaurante ubicado en el barrio de Las Tablas donde recientemente comprobamos todas estas premisas.



    La Barra de Pelotari es el proyecto hostelero de Roberto Serrano, fundador hace ya muchos años del mítico Pelotari de la calle Recoletos. En Las Tablas, junto con su hijo y otros socios, han reinterpretado la esencia del asador vasco tradicional manteniendo ese recetario clásico, basado sobre todo en la  materia prima, en un entorno moderno y vanguardista.



    El local es amplio y luminoso y aunque presenta una estética innovadora mantiene diferentes guiños al deporte de pelota vasca y a los frontones de siempre. Me cuentan que la decoración es obra de Graciela Higgins, una de las socias, en colaboración con el estudio de decoración Carrillo y que incluye varias piezas del reconocido artista Kike Keller, cuyo espíritu de hace visible en diversos elementos del local como su magnífica bodega acristalada o una enorme barra oxidada en uno de los comedores en la que inevitablemente uno se fija nada más llegar. 



    La Barra de Pelotari tiene a su entrada una zona de pinchos con mesas altas, perfectas para un picoteo más o menos rápido o una cena a base de raciones. A ambos lados de esta barra, dos comedores dan servicio a las mesas de carta o de un sugerente menú del día (12,50 €) que varía semanalmente y sirve de perfecto apoyo logístico a los empleados de las numerosas empresas que en la zona se han instalado. Además dispone de otro comedor que puede funcionar como privado independiente, con una capacidad de hasta veinte comensales.




    Cocina vista, jardines verticales, murales y vinilos relativos al mundo de la pelota vasca y amplias cristaleras componen un agradable local donde es muy fácil sentirse a gusto.

    En su propuesta gastronómica la referencia al asador vasco tradicional es definitoria. Magnífica parrilla de carbón que da ese punto perfecto tanto a carnes -imprescindible probar su chuletón o su entrecot de vaca rubia gallega- como a pescados y que se acompaña en carta de otras recetas clásicas de Pelotari como sus pimientos rellenos de bacalao o su famoso pastel de puerros. Estupendas de igual forma sus verduras de Tudela entre las que destacan unas sensacionales alcachofas fritas con parmesano que se están convirtiendo en uno de sus platos estrella. Inevitable mencionar su atún rojo de almadraba de Gadira presente en diferentes cortes. 

    Entre sus postres -caseros todos ellos- señalar su tarta de queso, su goxua y una sensacional pantxineta.




    La Barra de Pelotari dispone así mismo de una magnífica coctelería además de un amplio repertorio de licores premium que lo convierten en punto de encuentro perfecto en el afterwork. Una agradable terraza completa su amplia oferta que pretende cubrir
    prácticamente todos los momentos del día, desde el aperitivo y el almuerzo,
    hasta las copas.


    En resumen, una propuesta sólida muy de agradecer que se abre camino en un barrio que crece por días.



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  • Level, interesante opción crudivegana frente al Retiro

    Level, interesante opción crudivegana frente al Retiro

    No suele ser habitual que en este Gastro y Gourmet hablemos de opciones vegetarianas y mucho menos crudiveganas. Pero no es habitual no porque no valoremos dichas opciones sino porque la verdad es que no hay demasiada oferta en ese campo. Hace unos días comentando con un amigo que volvía de comer en un restaurante crudivegano me dijo que no pensaba perderse ese post y que conociéndome, no me imaginaba escribiendo sobre un restaurante de ese tipo. Seguramente nunca no llegue el día en que me convierta en vegetariano ni crudivegano, pero no ello no es obstáculo para que pueda visitarlos ocasionalmente y que me parezcan una opción perfecta no solo para aquellos que sí lo son sino para cualquier omnívoro. Sirva toda esta introducción para hablaros de Levél.



    Levél Veggie Bistrot es un restaurante crudivegano, Ello implica por un lado que no utiliza ingredientes de origen animal y por otro que no supera jamás los 41º de temperatura en sus elaboraciones con el fin de preservar las propiedades nutricionales de los alimentos. Parece a priori que con ambas premisas se limita bastante las posibilidades de oferta, pero nada más lejos de la realidad.



    Tras este proyecto hostelero está una pareja vegana compuesta por Fabricio Gatta -madrileño de padre italiano- y Júlia Törik -húngara-.Ambos el pasado mes de junio decidieron abrir este local para ampliar la oferta
    gastronómica vegana de calidad de la que se puede disfrutar en la capital. Su
    objetivo era promover
    y difundir una
    filosofía de vida
    que incluye una alimentación en la que no se utilicen
    alimentos de origen animal, el movimiento por la agricultura orgánica y
    ecológica, y el respeto y cuidado del medio ambiente.
     



    La
    oferta culinaria, pensada para compartir, incluye muchas técnicas y
    elaboraciones complejas.
    Todos los platos se preparan al momento y muchas de
    las elaboraciones no se pueden conservar de un día para el otro, por lo que
    algunos platos requieren un mayor tiempo de
    preparación
    . El pan de cebolla, por ejemplo, es crudivegano, se obtiene
    tras permanecer 26 horas en la deshidratadora, y está hecho con cebolla,
    pimiento, semillas de lino, de girasol, tamari, levadura nutricional, aceite y
    romero. 
    Es el ingrediente que acompaña al paté vegetal hecho con
    brócoli, tomates secados al sol y especias, y también está incluido en las cestas
    de panes, todos ellos elaborados con agua de mar en vez de sal.






    Entre los platos que probamos en nuestra reciente visita destacan el “Falafel 20 horas”, hecho con frutos secos o los veggie roll, de láminas de zanahoria y mix crujiente de verduras. Entre los principales señalarla lasaña de calabacín, salsa de tomate deshidratado y falsa ricotta y parmesano, uno de los platos de mayor éxito. Sorprenden otras elaboraciones, como el sushi de falso arroz (en realidad es coliflor cruda rallada), o los spaghetti de calabacín. Todos los postres también se elaboran en el propio restaurante, son crudiveganos y llevan endulzantes naturales.


    En resumen una magnífica opción para la que no hay que ejercer de vegano. Basta con tener la mente abierta y dar posibilidades de vez en cuando a otro tipo de alimentación.



    Visitar web de Levél Veggie Bistrot





  • El Mesón de Fuencarral,el buen sabor de la tradición

    El Mesón de Fuencarral,el buen sabor de la tradición

    En estos tiempos de aperturas y cierres a ritmo vertiginoso, ya lo hemos dicho aquí en varias ocasiones, encontrarse con establecimientos tradicionales, que de forma silenciosa mantienen su buen hacer día a día a lo largo de décadas, es cuando menos estimulante. El Mesón de Fuencarral es uno de esos restaurantes que he visitado desde que era niño (y ha llovido bastante) y aunque hacía años que no volvía, retornar ha sido todo un placer.



    Al frente del mismo Ramón Dios , tercera generación del negocio familiar sigue llenando sus mesas de un público que ajeno a modernidades y modas efímeras, sigue buscando la buena cocina tradicional de siempre, sabores reconocibles y recetas de esas que todos guardamos en nuestra memoria.



    Entrar en El Mesón de Fuencarral es de por sí entrar en la atemporalidad. Ese aire clásico de asador castellano previene ineludiblemente de lo que allí nos vamos a encontrar. Mesas amplias, chimenea, confort y una carta en la que las propuestas apetecibles se multiplican.



    Buena materia prima, verduras de primera, pescados y carnes a la altura y por supuesto asados simplemente espectaculares. No busquen vanguardia porque se van a equivocar, pero si lo que les apetece es disfrutar de esos sabores de siempre, de cocina sin trampa ni cartón, de pocos disfraces y artificios, El Mesón de Fuencarral les va a cautivar.



    El día de nuestra visita todo lo que probamos mantuvo un formidable nivel. Estupendas sus alcachofas, impresionantes unas habitas con huevo, redonda su perdiz estofada e impecables sus sempiternas chuletas de cordero. Ya lo ven, platos clásicos pero trabajados de forma encomiable. Eso es el Mesón de Fuencarral.



    Llegar a los ochenta y cinco años de edad en el convulso panorama gastronómico madrileño es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Detrás, no lo duden, está el buen hacer. Enhorabuena !!



    Visitar web de El Mesón de Fuencarral